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La administración de los Estados Unidos ha intensificado sus esfuerzos diplomáticos y financieros en dirección a Líbano, exigiendo al gobierno que adopte medidas decisivas para cortar los flujos de dinero que benefician a Hezbolá y que proceden principalmente del régimen de Irán.
Según fuentes oficiales del Departamento del Tesoro estadounidense, entre enero y la fecha se estima que Irán habría canalizado cerca de 1.000 millones de dólares a la organización libanesa, utilizando rutas poco transparentes como el contrabando de oro, criptomonedas y transferencias encubiertas.
Durante una visita a Beirut, el subsecretario para Inteligencia Financiera y Terrorismo del Tesoro, John K. Hurley, instó al Gobierno libanés a actuar con rapidez antes de las elecciones parlamentarias de mayo de 2026, advirtiendo que existe “una ventana de oportunidad” para debilitar a Hezbolá y recuperar el control del Estado.
Líbano, que enfrenta una profunda crisis económica y política, ya ha anunciado medidas como aumentar los controles en su aeropuerto internacional y suspender vuelos directos de Irán. No obstante, Washington considera que aún falta acción contundente en la persecución de redes financieras que facilitan los fondos desviados hacia Hezbolá.
Por su parte, Hezbolá ha rechazado los llamados al desarme y ha advertido que cualquier intento de confiscación de sus armas se interpretaría como una agresión que podría desestabilizar al país.
La situación representa un punto de tensión clave en el Líbano: la capacidad del gobierno para controlar el flujo de fondos y reducir la influencia iraní se ve como un paso crítico hacia la reconstrucción del Estado y el restablecimiento de su soberanía.

