![]()
Pensando
Intimidad y paz

En el género humano, la discreción es una forma de preservar lo preciado de la intimidad, que se vulnera en la medida con que se expresa el orgullo de la preferencia sexual y el exhibicionismo de lo carnal, al margen del valor moral de una relación construida en el pudor.
Es irreverente festinar lo que debe preservar la intimidad para que una relación alcance la privacidad de una entrega que no solo es material, sino también espiritual. La información tecnológica se ha convertido en el destape de conceptos que llegan a los niños y adolescentes por vía de los celulares y que es responsabilidad de los padres, orientar a sus familias ejerciendo el deber y el derecho que, como progenitores, les compete.
La cantidad de información servida electrónicamente se ha convertido en una industria inescrupulosa, en contra de la intimidad que debe prevalecer en el espectro de la familia. El deterioro está en el descontrol manifestado en la toma de actitudes al margen del consejo sabio de la experiencia de los padres y tutores. La paz interior parece imposible en estos tiempos de desfalcos e inseguridad y la moral se hace pedazos, aun así, Jesús aseguró a cada uno de nosotros poder experimentar la verdadera paz, “Mi paz os dejo, Mi paz os doy”. ¿Tuvo Jesucristo paz a pesar de los vejámenes y abusos que resistió a su paso por la vida terrenal? ¿Qué fuerza movía Su corazón frente a la traición, la vanidad y la injusticia con que fue juzgado?
La explicación la encontramos en la conciencia del deber cumplido por el mandato divino de Su existencia.

