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Trinidad y Tobago instala radar con EE. UU. para reforzar la vigilancia antinarcóticos en el Caribe
El gobierno de Trinidad y Tobago confirmó la instalación de un radar estadounidense en el archipiélago, dentro de un plan conjunto para reforzar la seguridad marítima y aérea en la región del Caribe. La decisión fue anunciada por la primera ministra, quien explicó que la medida busca combatir el narcotráfico, el tráfico de armas y de personas.
La mandataria aclaró que el radar se ubica en un aeropuerto de la isla de Tobago, y que este sistema representa una “capa adicional de protección” ante actividades ilícitas —una vigilancia que antes no existía con la misma capacidades.
El anuncio coincide con la reciente permanencia del destructor estadounidense USS Gravely en puerto trinitense y ejercicios conjuntos entre las fuerzas navales de EE. UU. y la defensa local del país, realizados del 16 al 21 de noviembre de 2025.
Según el gobierno de Trinidad y Tobago, el radar está destinado a detectar embarcaciones sospechosas, vuelos no registrados y movimientos inusuales en aguas y espacios aéreos cercanos, especialmente en rutas que conectan con Venezuela. Esa vigilancia pretende frenar la entrada de narcóticos, armas, municiones y migrantes irregulares.
La instalación ha generado críticas en sectores políticos locales. El partido opositor pidió transparencia sobre los límites del radar y exigió que no afecte la soberanía ni implique el uso del territorio como plataforma para operaciones militares externas.
Desde el gobierno, la primera ministra defendió la medida y acusó a la oposición de “buscar proteger intereses del narcotráfico”, asegurando que la prioridad es la seguridad ciudadana y el control del crimen organizado.
Este movimiento forma parte de una escalada más amplia de presencia e intervenciones de EE. UU. en la región del Caribe, en medio de un contexto de tensión con varios gobiernos de la zona.
Para muchos analistas, la instalación del radar marca un cambio importante en la dinámica regional: implica una cooperación más directa entre países caribeños y EE. UU. en materia de seguridad, lo que podría redefinir la estrategia contra narcotráfico, migración y crimen transnacional en la zona.

