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«Si no dices mentiras, no te vas»: el secreto sombrío que mantienen los aviadores para continuar con su labor.
Numerosos pilotos de aerolíneas comerciales evitan compartir sus problemas de salud mental por miedo a perder sus licencias y arruinar sus trayectorias profesionales, una situación que plantea inquietudes sobre la seguridad en la aviación, según una reciente investigación de Reuters.
El sector aeronáutico exige a los pilotos cumplir con rigurosos estándares físicos y psicológicos para mantener la certificación médica que otorga la Administración Federal de Aviación de EE. UU. (FAA), con chequeos que, en ocasiones, se repiten cada seis meses.
No obstante, reportar ansiedad o depresión puede dejar a un piloto sin la posibilidad de volar temporalmente. Si bien los casos leves tienden a resolverse rápidamente, las condiciones más serias demandan evaluaciones detalladas de la FAA que pueden demorar más de un año.
Esconder la realidad
Un estudio que incluyó a más de 5. 000 pilotos en EE. UU. y Canadá mostró que más de la mitad evita buscar tratamiento médico por miedo a perder su licencia, una situación que muchos aviadores resumen en la frase: «Si no ocultas la verdad, no puedes volar».
De acuerdo con numerosos pilotos de EE. UU. y otras naciones consultados por Reuters, informar sobre problemas psicológicos, incluso aquellos que son tratables, sigue siendo un riesgo profesional, debido a regulaciones, políticas internas de las aerolíneas y el estigma social que persiste.
La FAA afirma que está ajustando sus normativas y ampliando la lista de tratamientos y medicamentos que son aceptables. En la misma línea, la Agencia de Seguridad Aérea de Europa ha requerido a las aerolíneas que implementen programas de apoyo entre colegas, mientras que ha flexibilizado las evaluaciones médicas.
Esperar para volver a volar
Grupos de pilotos y algunos legisladores estadounidenses están presionando a la FAA para que haga cambios que brinden protección a aquellos que informan sobre problemas de salud mental y para que faciliten su retorno al trabajo. El caso de la piloto Elizabeth Carll, suspendida en 2021 tras señalar que tomaba una pequeña dosis de ansiolítico, ilustra las complicadas normas de la FAA, que tardó más de un año en evaluar su situación, solo para considerar el informe desactualizado y requerir un nuevo examen.
Por otro lado, el piloto Troy Merritt, quien en 2022 optó por retirarse para comenzar un tratamiento por depresión y ansiedad, destacó que sus compañeros no deberían tener que esperar medio año para poder volver a solicitar un certificado médico si están respondiendo bien al tratamiento, y sugirió que la FAA debería revisar estas solicitudes en un mes. Sin embargo, enfatizó que ignorar la salud mental puede llevar a que los pilotos descuiden su bienestar, lo que podría provocar problemas durante el vuelo.

