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China alcanza su meta de crecimiento: el PIB cierra 2025 en un 5% impulsado por un superávit comercial récord
Pekín logra cumplir el objetivo oficial a pesar de la crisis inmobiliaria y las tensiones arancelarias, aunque la desaceleración del cuarto trimestre enciende las alarmas para el ciclo de 2026.
El gigante asiático ha logrado cerrar el año 2025 cumpliendo con su objetivo político de crecimiento, registrando una expansión del Producto Interior Bruto (PIB) del 5,0%. Según los datos oficiales presentados este lunes por la Oficina Nacional de Estadística, la economía china demostró una resiliencia inesperada frente a un entorno exterior hostil y una demanda interna que no termina de despegar. Con un tamaño total que ya supera los 140 billones de yuanes, Pekín consolida su posición como la segunda economía del planeta, apoyándose en una estructura industrial robusta que ha sabido compensar las debilidades estructurales de su mercado doméstico.
Sin embargo, detrás del cumplimiento del objetivo anual se esconde una tendencia de enfriamiento que preocupa a los analistas internacionales. En el cuarto trimestre de 2025, el crecimiento se moderó hasta el 4,5%, marcando el ritmo trimestral más bajo desde finales de 2022. Esta desaceleración progresiva —que pasó del 5,4% en el primer trimestre al 4,5% en el último— sugiere que los motores tradicionales del crecimiento chino están perdiendo tracción, dejando a las autoridades con un margen de maniobra cada vez más estrecho para evitar un estancamiento prolongado en el corto plazo.
El verdadero salvavidas de la economía china en 2025 ha sido el sector exterior, que registró un superávit comercial histórico de 1,2 billones de dólares. A pesar del endurecimiento de las políticas arancelarias por parte de la administración estadounidense de Donald Trump, las exportaciones crecieron un 6,1%, encontrando nuevos nichos de mercado en economías emergentes de Asia y África. Esta agresiva expansión de las manufacturas chinas ha permitido mitigar el impacto del proteccionismo occidental, aunque ha generado una dependencia externa que podría volverse vulnerable si otros socios comerciales deciden aplicar medidas de defensa comercial similares.
En el lado opuesto de la balanza, el sector inmobiliario y el consumo interno siguen actuando como los principales lastres para el desarrollo nacional. La inversión en promoción inmobiliaria sufrió un desplome del 17,2% anual, extendiendo una crisis de deuda que ya cumple tres años sin señales claras de estabilización. Paralelamente, las ventas minoristas —indicador clave del consumo de los hogares— apenas crecieron un 3,7% en el conjunto del año, reflejando una desconfianza persistente del consumidor chino ante la incertidumbre laboral y la deflación de precios, que apenas aumentaron un 0,8% en todo el ejercicio.
Al comparar estos resultados con la trayectoria histórica reciente, queda claro que China ha entrado en una fase de «nueva normalidad» de crecimiento moderado. Lejos quedan las tasas del 8% que definieron las primeras dos décadas del siglo; hoy, el enfoque de Pekín se ha desplazado hacia el «desarrollo de alta calidad», priorizando la inversión en inteligencia artificial y tecnologías de vanguardia para reducir su dependencia tecnológica del exterior. Este cambio de modelo es la apuesta estratégica del Partido Comunista para mantener la competitividad en un entorno geopolítico que se percibe cada vez más fragmentado y desafiante.
De cara a 2026, las proyecciones de los principales organismos financieros apuntan a una continuidad en la ralentización, con previsiones que sitúan el crecimiento en torno al 4,5%. Los expertos coinciden en que la clave para la estabilidad del próximo año no residirá en la capacidad de producción industrial, sino en la efectividad de los estímulos fiscales para reactivar el mercado inmobiliario y elevar la confianza de las familias. Mientras el mundo asimila el cumplimiento de las metas de 2025, Pekín se prepara para un nuevo ciclo donde la gestión de la deuda y la innovación tecnológica serán los únicos pilares capaces de sostener el peso de una economía que lucha contra su propia madurez.

