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Pensando
Unión espiritual

Hoy la sociedad se comporta de acuerdo al poder adquisitivo del hombre y la mujer para elegir un producto artificial, generador de placer y objeto de exhibición.
El pudor femenino y masculino cada día se derrumba por el afán de vivir con calidad, en base a enriquecerse en un mercado de vanidades que no suplen las deficiencias espirituales por la irrealidad de buscar una belleza artificial para lograr estabilidad emocional.
La mujer se aparta de las normas tradicionales de conducta, creyendo en lo artificial de la estética. La cirugía plástica, creada originalmente para reconstruir y solucionar eventuales defectos y anomalías provocadas por patologías y mutilaciones producto de accidentes; hoy día es la especialidad más lucrativa de la medicina.
El ser humano fracasa en su crecimiento espiritual cuando lamentablemente busca en la apariencia llenar el vacío espiritual lejos de una actitud cónsona con una autoestima que encuentre respuestas en la educación, el amor y la responsabilidad.
La formación y el amor unen la pareja, y la responsabilidad la protege. Con el paso del tiempo la estética material queda en ruinas por no alcanzar la madurez que solo recuerda momentos de comidas, licores y aventuras; por consiguiente, les es difícil enfrentar la vejez sin una riqueza sustentada en virtudes como el desinterés, la espontaneidad y el significado de un detalle apoyado en la entrega por amor; ese amor que no se compra ni se vende fortaleciéndose en las malas experiencias, un amor que se sufre y se aprecia, el que no deja la resaca del uso, sino la energía del sentimiento.

