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El Cinismo del Poder: Irán admite la cifra de muertos pero apuesta por la impunidad global
Bajo el liderazgo del Ayatolá Khamenei, el régimen de Teherán ha dado un giro inesperado en su narrativa oficial. Tras meses de negar la magnitud de la represión, las autoridades han comenzado a «admitir» la masacre de manifestantes, pero con un enfoque calculado para desarmar la presión internacional.
Los detalles de la estrategia de Khamenei:
Admisión de la Masacre: El régimen ha reconocido por primera vez que más de 3,000 personas han muerto en los recientes «disturbios». Sin embargo, la narrativa oficial clasifica a todas las víctimas como «terroristas» o «agentes extranjeros», justificando el uso de fuerza letal como un acto de defensa nacional.
El Juego de la Distracción: El análisis sugiere que Irán está aprovechando que la atención del mundo está fragmentada por el regreso de Donald Trump al poder, la crisis en Venezuela y las tensiones comerciales en Davos. Khamenei cuenta con que la comunidad internacional «mire hacia otro lado» mientras consolida el control interno mediante el terror.
Aislamiento Informativo: A la par de admitir las muertes, el régimen ha endurecido el bloqueo de internet y ha lanzado una ola de detenciones contra familiares de las víctimas (como la reciente redada contra el hermano de la Nobel Narges Mohammadi) para evitar que los testimonios de la represión lleguen al exterior.
Desafío a las Sanciones: Teherán sostiene que las sanciones occidentales ya no tienen efecto y que su alianza estratégica con potencias del bloque euroasiático le permitirá sobrevivir al oprobio internacional por las violaciones de derechos humanos.

