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¡Grifo ABIERTO! EE. UU. autoriza a Repsol y otras 4 petroleras a explotar gas y crudo en Venezuela
En un giro pragmático que redefine el mapa energético del continente, los Estados Unidos han otorgado licencias especiales a la española Repsol y a otras cuatro compañías internacionales para reactivar la explotación de gas y petróleo en suelo venezolano. Esta decisión de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) marca el levantamiento más significativo de las restricciones energéticas hasta la fecha, permitiendo que gigantes del sector operen nuevamente en las ricas reservas de Venezuela para abastecer los mercados globales, en un movimiento que busca estabilizar los precios de la energía y debilitar la influencia de potencias rivales en la región.
La autorización no solo beneficia a Repsol, sino que abre la puerta a una coalición de empresas estratégicas que cuentan ahora con el «visto bueno» de Washington para realizar inversiones, mantenimiento y exportación. Esta medida confirma que la Casa Blanca ha decidido utilizar el petróleo venezolano como una ficha de seguridad nacional, priorizando el suministro energético estable sobre el aislamiento total de Caracas. Para Venezuela, esto representa la oportunidad de oro para recuperar su capacidad de producción y recibir una inyección de capital técnico y financiero que su industria petrolera, devastada por años de desinversión, necesita con urgencia.
Las claves de la nueva apertura petrolera:
Soberanía Energética: EE. UU. busca fuentes de crudo cercanas y seguras ante la inestabilidad en otras partes del mundo.
Retorno de Gigantes: Empresas como Repsol podrán cobrar deudas pendientes mediante la recepción de cargamentos de crudo y gas.
Control de Mercado: Washington mantiene la supervisión de las operaciones a través de licencias específicas, asegurando que el flujo de capital sea monitoreado.
El impacto de esta medida es un terremoto geopolítico. Al permitir que empresas europeas y estadounidenses operen en Venezuela, se reduce el espacio de maniobra para los socios tradicionales del gobierno de Maduro, como Rusia y China. Este «regreso al Oeste» de la industria petrolera venezolana sugiere un cambio en la dinámica de las sanciones, donde la economía real empieza a dictar las reglas de la diplomacia. Analistas advierten que este es el primer paso hacia una reintegración masiva de Venezuela en el sistema energético transatlántico, lo que podría derivar en una reactivación económica sin precedentes para el país sudamericano.
El futuro de esta alianza petrolera depende de la estabilidad de los acuerdos y del cumplimiento de las condiciones impuestas por la OFAC. Mientras los taladros se preparan para volver a perforar, el mundo observa cómo Venezuela recupera su estatus de potencia energética bajo la mirada atenta de los Estados Unidos. Lo que queda claro tras esta autorización es que, en el tablero del poder mundial, el petróleo sigue siendo el lenguaje universal de la diplomacia, y que los intereses económicos han logrado abrir una grieta definitiva en el muro de las sanciones.

