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El muro fronterizo le debe a La Vigía
De niño observé cómo los inmigrantes japoneses que llegaron en 1956 a La Vigía, en la provincia Dajabón, como parte de las estrategias de la dictadura de Rafael Leonida Trujillo de presentar una buena imagen del régimen en el exterior; procuraban siempre el bienestar de la comunidad que les acogió amigablemente.
Entre las cosas que tenían presente estaba el cuidado de la vía principal y los caminos secundarios, a fin de garantizar una adecuada movilidad de los habitantes en un poblado eminentemente agrícola. Luego, fueron claves en el proceso de electrificación y en la instalación de electrobombas para el suministro de agua a los predios agrícolas.
En general, los japoneses revolucionaron la agricultura, introduciendo técnicas avanzadas de cultivo de arroz, incluyendo sistemas de riego intensivo, manejo de suelos y nuevas variedades híbridas.
Los principales aportes al cultivo de arroz y la agricultura incluyeron la implementación de sistemas de siembra en parcelas inundadas con control preciso de agua, permitiendo transformar terrenos áridos en zonas arroceras productivas; así como la introducción de motocultivadores, equipos de fumigación y el uso de técnicas de cultivo más eficientes.
El aporte no se limitó al referido cereal. También introdujeron o masificaron vegetales como el apio, brócoli, repollo y lechuga, diversificando la producción en zonas de montaña; y contribuyeron en el diseño y creación de los primeros jardines de estilo japonés.
Por eso, conocedor de esa historia, me apenó mucho ver, el año pasado, el desfile de delegaciones japonesas por calles destruidas, que visitaron para participar en el “Dajapón Fest”, con motivo de la celebración del 69 aniversario de la llegada a República Dominicana de los colonos de Japón. Las vías terrestres en La Vigía estaban en buenas condiciones hasta el inicio de la construcción del muro fronterizo, costosa infraestructura que no ha evitado por completo los robos en la franja divisional con República de Haití.
La circulación frecuente de los vehículos pesados, cargando los materiales para la construcción de la obra, hizo colapsar la carretera principal y las vías aledañas, sin que los responsables muestren la más mínima sensibilidad ante la problemática.
En días pasados, escuché al senador de la provincia, Manuel María Rodríguez Ortega, agotar un turno libre en el Senado de la República, en el que, entre miedo y vergüenza, se refirió a la cuestión que afecta a los habitantes de su demarcación. La reacción del congresista se produjo luego de que una fuerte protesta de los vigieros, la tercera que llevan a cabo desde el pasado año; dicen que volverán a las calles hasta alcanzar el objetivo y condenaron la insensibilidad oficial.
Los constructores del muro fronterizo no solo están en deuda por las vías de La Vigía, sino por el hecho de que decenas de pequeños productores agrícolas se quedaron con el sabor amargo de que las autoridades gubernamentales impusieron un trazado que les despojó de parte de sus terrenos cultivables.
Una parte de los productores perdió hasta la mitad de sus pequeños predios, que promediaron alrededor de 15 tareas, debido a que, por conveniencia de los ejecutores de la obra, establecieron un trazado que generó muchas críticas en su momento. La variación obedeció a que en esa parte de la línea fronteriza existe un acuífero (caño) que implicaba ser rellenado para el levantamiento del muro con el lugar en que correspondía.
La esperanza es que cuando este año los japoneses retornen a La Vigía para la celebración del 70 aniversario de su llegada a República Dominicana, el Gobierno haya saldado la deuda de las vías de esa comunidad.

