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ACUERDO SUR-SUR: Lula y Modi sellan una alianza estratégica por las tierras raras
En un movimiento geopolítico de gran calado para el equilibrio de poder global, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el primer ministro de la India, Narendra Modi, han firmado este 21 de febrero de 2026 un acuerdo de cooperación para el control y explotación de tierras raras. El objetivo principal es blindar su soberanía tecnológica y reducir la dependencia de las cadenas de suministro dominadas por potencias del Hemisferio Norte y China.
Los pilares de este pacto estratégico son:
Soberanía Tecnológica: Ambos líderes subrayaron que el acceso a minerales críticos (necesarios para la fabricación de chips, imanes de alta potencia y baterías) es el nuevo campo de batalla de la seguridad nacional. Al unir fuerzas, Brasil e India buscan evitar el «colonialismo tecnológico» y asegurar que sus industrias puedan competir en la economía del futuro.
Explotación Conjunta: El acuerdo incluye la creación de empresas mixtas y el intercambio de tecnología para la extracción y el procesamiento de estos minerales. Brasil posee algunas de las reservas de tierras raras más grandes del mundo, mientras que la India aporta una creciente capacidad de refinamiento y un mercado tecnológico masivo.
Blindaje ante Crisis Globales: Lula y Modi destacaron que esta alianza busca proteger a sus economías de las fluctuaciones de precios y de las restricciones a las exportaciones impuestas por otros países productores. Es un paso decisivo para fortalecer el bloque del Sur Global en la toma de decisiones económicas mundiales.
Transición Energética: El pacto también tiene una vertiente ecológica, ya que estos minerales son indispensables para la producción de turbinas eólicas y motores de vehículos eléctricos. Ambos países aspiran a liderar la producción de tecnologías limpias sin depender de terceros para la materia prima.
Contexto Geopolítico: Este acuerdo se interpreta como un mensaje de autonomía frente a la rivalidad entre Estados Unidos y China. Brasil e India demuestran que las economías emergentes tienen capacidad para establecer sus propios ejes de influencia y controlar recursos vitales para la seguridad mundial en 2026.
Este acuerdo marca un hito en las relaciones bilaterales y posiciona a ambas naciones como actores clave en la arquitectura industrial y tecnológica de la próxima década.

