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ALIANZA ESTRATÉGICA EN EL PACÍFICO: PERÚ AGUARDA CON EXPECTACIÓN LA VISITA DE JOSÉ ANTONIO KAST
El inicio de 2026 marcará un hito en las relaciones bilaterales entre Chile y Perú con la confirmada visita del presidente electo chileno, José Antonio Kast, a la ciudad de Lima. Este viaje, que se producirá apenas semanas después de su victoria electoral en diciembre de 2025, ha generado una enorme expectación en los círculos políticos y diplomáticos peruanos. La Cancillería de Perú, bajo la dirección de Hugo de Zela, se encuentra en la etapa final de coordinación para recibir al mandatario electo en una visita de carácter relámpago —estimada en 24 horas—, que tiene como objetivo principal sentar las bases de una nueva era de cooperación en materia de seguridad fronteriza y control migratorio, temas que Kast ha posicionado como pilares de su futura administración.
La agenda de Kast en Lima incluye una reunión de alto nivel con el mandatario interino de Perú, José Jerí, con quien se espera que aborde la implementación de un corredor humanitario regional. Esta propuesta, que Kast ya ha discutido en sus recientes giras por Argentina y Ecuador, busca facilitar el retorno de migrantes en situación irregular a sus países de origen, una tarea que requiere una coordinación logística y técnica sin precedentes entre las autoridades migratorias y policiales de ambos países. Para el gobierno peruano, la sintonía ideológica y operativa con el nuevo líder chileno representa una oportunidad para despresurizar la crisis migratoria que afecta de manera crítica a la zona fronteriza de Tacna y Arica.
Desde el punto de vista económico, la visita ha despertado un notable interés entre el empresariado local. Se ha confirmado que Kast mantendrá encuentros con líderes del sector privado peruano para discutir el fortalecimiento del intercambio comercial y la protección de inversiones. En un contexto donde la estabilidad regional es prioritaria para los mercados, la llegada de un presidente electo con un perfil pro-mercado y un discurso centrado en el orden institucional es vista por los inversionistas limeños como una señal positiva. La integración dentro de la Alianza del Pacífico y la mejora de los protocolos aduaneros serán puntos clave en las conversaciones para agilizar el flujo de bienes y servicios durante el próximo bienio.
El despliegue de seguridad en la frontera norte de Chile será otro de los ejes fundamentales de la visita. El canciller peruano ha adelantado que se busca establecer protocolos de entendimiento entre las Fuerzas Armadas y las policías de ambas naciones para combatir el crimen organizado transnacional y el tráfico de personas. La «mano dura» que Kast prometió durante su campaña resuena con fuerza en sectores de la sociedad peruana que también demandan mayor control territorial. Esta visita servirá para armonizar las políticas de defensa y evitar roces diplomáticos ante posibles medidas unilaterales de control fronterizo que pudieran afectar la soberanía o el flujo vecinal de pasajeros.
En el ámbito político interno de Perú, la visita de Kast es leída como un espaldarazo a los sectores conservadores, pero también como un desafío logístico para el gobierno de Jerí. Mientras algunos sectores aplauden la coordinación inmediata para enfrentar la migración, otros observan con cautela el impacto que las políticas de expulsión masiva de Chile podrían tener sobre el territorio peruano, que sirve como zona de tránsito obligatoria. La capacidad de Kast para negociar soluciones conjuntas y no solo anunciar medidas restrictivas será la verdadera prueba de su estatura diplomática en esta primera incursión oficial en suelo peruano como presidente electo.
Al concluir este 2025, la visita de José Antonio Kast a Perú se perfila como el evento diplomático más relevante de la región para el inicio de 2026. Con el 11 de marzo —fecha de su asunción— en el horizonte cercano, Kast busca llegar a la Moneda con acuerdos concretos bajo el brazo que le permitan cumplir sus promesas de campaña desde el primer día. Mientras Lima prepara los honores de Estado, el resto del continente observa con atención si este nuevo eje Santiago-Lima logrará articular una solución definitiva a los desafíos de seguridad y migración que han definido la agenda andina en la última década.

