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CONGRESO DE EE.UU. DESCARTA TROPAS EN VENEZUELA Y APUESTA POR ELECCIONES A CORTO PLAZO
Tras una sesión clasificada con la plana mayor del gobierno de Donald Trump, el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, descartó este lunes 5 de enero de 2026 el despliegue permanente de tropas sobre el terreno en Venezuela. Johnson aseguró que, tras la exitosa operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro, la estrategia de Washington se centrará en la «coacción» al gobierno interino de Delcy Rodríguez para garantizar una transición estabilizada y la convocatoria de elecciones en el «corto plazo».
Puntos clave de la sesión en el Congreso:
Sin involucramiento directo: Estados Unidos no planea mantener botas sobre el terreno (boots on the ground). La misión militar principal —el asalto y extracción de Maduro— se considera cumplida y legal.
El rol de Delcy Rodríguez: Johnson proyectó que la nueva presidenta encargada deberá avanzar hacia un proceso electoral, aunque reconoció que los detalles de esta transición aún están siendo determinados por el gabinete de Trump, liderado en este frente por Marco Rubio (Estado) y Pete Hegseth (Pentágono).
Críticas Demócratas: El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, calificó el plan del gobierno como «vago» y basado en «ilusiones», advirtiendo que los intentos de cambio de régimen suelen terminar perjudicando los intereses de EE.UU. a largo plazo.
Preparativos diplomáticos: Mientras se descartan más tropas, Washington ya acelera los preparativos para la reapertura de su embajada en Caracas, buscando consolidar su influencia política y asegurar la estabilidad económica necesaria para la explotación petrolera.
Este anuncio busca calmar las preocupaciones sobre una ocupación prolongada, mientras la administración Trump delega en su equipo de seguridad nacional el diálogo con la facción del chavismo que hoy encabeza Rodríguez. Con 18 millones de personas siguiendo cada detalle de esta crisis global, la postura del Congreso define el 2026 como un año de presión diplomática intensa, donde la prioridad de Washington es el control energético y una salida electoral rápida que valide el nuevo orden post-Maduro.

