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En la consulta médica hay relatos que se repiten con una frecuencia sorprendente, aunque pocas veces se dicen en voz alta.
Mujeres que llegan cansadas, incómodas y muchas veces avergonzadas, hablando de una molestia persistente en la región anal, inflamación frecuente, lo que comúnmente se conoce como hemorroides y una dificultad para evacuar que no logran explicar con claridad.
“Hay días que evacúo bien, pero otros tengo que pujar demasiado, usar laxantes o incluso ayudarme con la mano”, comentan algunas pacientes.
Han probado cremas, supositorios, infusiones, tratamientos caseros y medicamentos de todo tipo. El alivio, cuando llega, suele ser temporal. El problema, en realidad, va más allá de las hemorroides.
María Cristina Fernández, cirujana coloproctologa de la Unidad de Cirugía Colorrectal y Proctología de los Centros de Diagnósticos y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), explica que, al evaluarlas, efectivamente muchas presentan hemorroides inflamadas, pero la pregunta clave es por qué se inflaman con tanta frecuencia y por qué la dificultad para evacuar persiste a pesar de los tratamientos habituales.
En un número importante de estos casos, la respuesta está en una condición poco conocida, pero bastante frecuente: el rectocele.
El rectocele es la debilidad del tabique que separa el recto de la vagina. Cuando esta pared pierde firmeza, el recto puede protruir hacia la vagina, generando una serie de síntomas que afectan de manera directa la calidad de vida.
Las pacientes suelen describir una sensación de peso en el periné y la vagina, una evacuación incompleta, estreñimiento casi constante o la necesidad de evacuar varias veces seguidas sin sentirse completamente aliviadas.
Puede alarmar
En algunos casos, incluso, aparece un bulto que sobresale por la vagina, especialmente al pujar. Refiere que aunque puede resultar alarmante, muchas mujeres lo normalizan o lo asocian erróneamente a “hemorroides internas” o a cambios propios de la edad.
Las causas del rectocele son variadas, pero entre las más comunes se encuentran los partos vaginales, especialmente cuando han sido múltiples o difíciles, así como los malos hábitos intestinales.
La especialista dijo que el estreñimiento crónico, el pujar con frecuencia y durante largos períodos, y la costumbre de ignorar el deseo de evacuar van debilitando progresivamente el piso pélvico.
Sostiene que una de las señales más reveladoras es la necesidad de manipular el periné o la pared vaginal para poder evacuar.
Aunque muchas pacientes no lo mencionan por pudor, este dato es clave para orientar el diagnóstico. No se trata de un problema psicológico ni de “falta de fuerza”, sino de una alteración anatómica que impide una evacuación normal.
El impacto
Vivir pendiente del baño, depender de laxantes, sentir incomodidad constante o dolor, y evitar actividades sociales por miedo a no poder evacuar, termina afectando el bienestar emocional y la autoestima de muchas mujeres. ¿Qué se puede hacer ante esta situación? El primer paso es una evaluación adecuada por parte del proctólogo.
Fernández aclara que no todas las dificultades para evacuar son iguales, y no todas se resuelven de la misma manera.
Un diagnóstico preciso permite establecer el tratamiento correcto y evitar años de tratamientos innecesarios.
Manifiesta que dentro de los estudios que pueden indicarse se encuentra la manometría rectal, una prueba que evalúa la función de los músculos del recto y el ano, y permite identificar alteraciones en la coordinación necesaria para evacuar correctamente.
En muchos casos, el tratamiento inicial no es quirúrgico.
La terapia de piso pélvico ha demostrado ser una herramienta eficaz para fortalecer los músculos involucrados en la evacuación y mejorar los síntomas.
A esto se suma la corrección de hábitos intestinales, el uso adecuado de fibras para lograr evacuaciones más regulares y evitar el esfuerzo excesivo.
El cuerpo habla
— Hasta en silencio
La doctora describe que el cuerpo habla, incluso cuando lo hace en silencio. Escucharlo a tiempo es parte fundamental del cuidado de la salud.
El tratamiento quirúrgico
Cuando estas medidas no son suficientes y los síntomas persisten, el tratamiento quirúrgico puede ser una opción, siempre evaluada de manera individualizada y explicada claramente a la paciente. Hablar de estos temas sigue siendo un reto, pero hacerlo es necesario.
La dificultad para evacuar no debe asumirse como algo normal ni inevitable. Identificar el problema, buscar ayuda médica y recibir un tratamiento adecuado puede marcar la diferencia entre vivir con molestias constantes o recuperar una vida cotidiana más cómoda y saludable.

