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El legado de un pontífice: la transformación y división de la Iglesia Católica en Estados Unidos bajo el liderazgo del papa Francisco
El papa Francisco, quien falleció el lunes 21 de abril, deja tras de sí una Iglesia Católica en Estados Unidos profundamente transformada y marcada por divisiones internas.
Su papado, que comenzó en 2013, se caracterizó por un enfoque pastoral que buscó abrir las puertas de la Iglesia a aquellos grupos que históricamente han sido marginados, aunque también enfrentó una resistencia creciente de sectores más conservadores, lo que intensificó las tensiones dentro de la institución.
Desde sus primeros meses en el cargo, el papa Francisco expresó su deseo de crear una Iglesia más inclusiva. Una de sus declaraciones más resonantes a nivel mundial fue su respuesta a una pregunta sobre sacerdotes homosexuales, donde dijo: “¿Quién soy yo para juzgar? ”.
Este mensaje, como detalla The New York Times, representó un cambio notable en el tono de la Iglesia, que había permanecido alineada con la derecha religiosa en cuestiones como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la anticoncepción. En contraste, Francisco abogó por una Iglesia “con las puertas siempre abiertas”, enfocándose en temas como la pobreza, la inmigración, la desigualdad económica y el cambio climático.
El papa Francisco se esforzó por redefinir el rol de los líderes eclesiásticos en Estados Unidos, instándolos a actuar como pastores en lugar de doctrinarios. Según informó The New York Times, promovió a obispos que compartían su visión pastoral, elevando a figuras que reflejaban la diversidad de la Iglesia estadounidense.
Entre sus decisiones más notables se encuentra el nombramiento del primer cardenal afroamericano y la inclusión de la creciente comunidad hispana en el liderazgo de la Iglesia. También dio permiso para que los sacerdotes bendijeran a parejas del mismo sexo y facilitó la participación de católicos divorciados y vueltos a casar en la vida de la Iglesia.
Estas acciones resonaron profundamente entre millones de personas, tanto dentro como fuera de la Iglesia. En un mundo cada vez más secularizado, el papa Francisco se convirtió en un líder moral que brindó esperanza a aquellos que se sentían excluidos por la institución.
Joe Donnelly, exsenador demócrata y embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, comentó que Francisco “hizo de la Iglesia un lugar más acogedor” para todos, independientemente de sus condiciones sociales y económicas.
Francisco promovió liderazgos diversos, incluyendo el primer cardenal afroamericano en Estados Unidos.
No obstante, este enfoque inclusivo también suscitó una fuerte resistencia dentro de la Iglesia estadounidense. De acuerdo con informes de The New York Times, el sector conservador, que había visto disminuir su influencia en los inicios del pontificado de Francisco, se reorganizó y volvió a enfocar su atención en temas como la lucha contra el aborto.
Esta oposición, impulsada por laicos conservadores muy influyentes, contribuyó a la polarización de la Iglesia en Estados Unidos, reflejando las divisiones políticas del país.
La resistencia conservadora tuvo un impacto político significativo, ayudando a consolidar el respaldo católico hacia figuras como el presidente Donald Trump. Durante su primer mandato, Trump, acompañado por el entonces vicepresidente Mike Pence, un converso al catolicismo, promovió políticas que estaban en desacuerdo con los valores defendidos por Francisco, tales como las restricciones a la inmigración y los planes de deportaciones masivas.
A la mitad de su pontificado, el papa Francisco enfrentó una crisis que volvió a sacudir a la Iglesia en Estados Unidos: el descubrimiento de décadas de encubrimiento de abusos sexuales por parte de líderes eclesiásticos. Según The New York Times, estas revelaciones reavivaron la desconfianza hacia la institución y llevaron a investigaciones a nivel federal y estatal.
El Papa Francisco buscó abrir la Iglesia Católica a comunidades históricamente marginadas en Estados Unidos. A pesar de que implementó algunas reformas, como la destitución del cardenal Theodore E. McCarrick tras ser encontrado culpable de abusos a menores y seminaristas, muchos consideraron estas acciones insuficientes. Una encuesta realizada por Gallup, citada por The Wall Street Journal, reveló que más de un tercio de los católicos estadounidenses contemplaron abandonar la fe debido a estos escándalos.
Aunque Estados Unidos no era su principal prioridad, el papa Francisco reconoció la influencia global de la Iglesia estadounidense, que cuenta con 52 millones de fieles. Su liderazgo coincidiendo con una década de transformaciones políticas en el país.
Al comienzo de su pontificado, Francisco trabajó en sintonía con el expresidente Barack Obama en asuntos progresistas, tales como el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, el acuerdo nuclear con Irán y el reconocimiento del Estado palestino. En 2015, se convirtió en el primer papa en dirigirse al Congreso de Estados Unidos, donde instó a los legisladores a colaborar para enfrentar las crisis globales.
Sin embargo, su relación con la política estadounidense se deterioró durante la presidencia de Donald Trump. Francisco criticó abiertamente las políticas migratorias de este, cuestionando su compromiso con los valores cristianos.
En una misa celebrada en la frontera entre México y Estados Unidos, el papa recordó a aquellos que habían perdido la vida tratando de cruzar, en un gesto que reafirmó su postura a favor de los migrantes.
Durante una misa llevada a cabo en la frontera entre México y Estados Unidos, el Papa recordó a aquellos que habían perdido la vida en su intento de cruzar. (REUTERS/Jose Luis Gonzalez)
A lo largo del tiempo, las posturas sobre el papa Francisco se han vuelto más extremas entre los católicos en Estados Unidos. De acuerdo con información del Pew Research Center citada por The New York Times, en 2024, el 90% de los católicos que se identificaban como demócratas lo veían de manera positiva, mientras que únicamente el 63% de los católicos republicanos compartían esa percepción.
Esta discordia reflejaba tanto diferencias en términos políticos como religiosos, con grupos conservadores cuestionando lo que consideraban una atención excesiva a ciertas políticas estadounidenses y una falta de claridad en cuestiones relacionadas con la sexualidad.

