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Flan de leche condensada con bizcocho
Si quieres una receta original de flan, toma nota de nuestro flan preparado con leche condensada y base de bizcocho, con aroma de café y cacao.
Ingredientes
3 huevos
½ vaso leche condensada
½ vaso leche en polvo
2 vasos leche
1 vaso azúcar
2 cdta azúcar avainillado
½ vaso aceite
1,25 vasos harina
1 cdta levadura en polvo
½ cda cacao
1 cdta café soluble
1 limón la ralladura

Paso 1
Calentar 2 cucharadas de agua con la mitad del azúcar, a fuego muy suave, hasta obtener un caramelo dorado. Bañar con él el fondo y las paredes de un molde rectangular, y reservar. Cascar 2 huevos en un cuenco. Añadir la leche condensada, la leche en polvo, la mitad de la ralladura de limón, la mitad del azúcar avainillada y 1 vaso y medio de leche. Batir con varillas eléctricas hasta obtener una mezcla homogénea, y verterla en el molde.

Paso 2
Preparar el bizcocho: batir el huevo que queda con el aceite, el medio vaso de azúcar, el azúcar avainillada y la ralladura de limón restantes, con varillas eléctricas, hasta lograr una mezcla cremosa y homogénea. Diluir el cacao con el café en el resto de la leche, agregarla a la preparación anterior y remover. Por último, incorporar la harina tamizada con la levadura. Verter la masa obtenida sobre la base de flan, poco a poco, para que las dos preparaciones no se mezclen.

Paso 3
Para que no caiga de golpe se puede frenar el chorrito con una cuchara. Cocer el postre al baño María, en el horno precalentado a 180o, durante 1 hora. Retirarlo, esperar a que se temple y dejar enfriar en la nevera varias horas. Desmoldarlo con cuidado sobre una fuente, cortarlo en porciones y servirlo bien frío. Decorar este flan con unos copetes de nata montada.

Paso 4
Caramelo líquido casero: El caramelo se obtiene calentando azúcar blanca mezclada con agua (250 g de ésta por cada 200 g de azúcar), a fuego suave y moviendo el recipiente con suavidad, hasta que adquiere un tono dorado. Se le pueden añadir unas gotas de zumo de limón para que no cristalice. Conviene evitar que cueza demasiado porque se quemaría y termina amargando.

