Las mujeres del ISIS, presas de un “castigo colectivo” en Irak

Las mujeres del ISIS, presas de un “castigo colectivo” en Irak

“Soy como un ciervo que vive en una jungla, con los tigres y los leones al acecho”, relata Dana (nombre ficticio), una mujer de 20 años que ha sobrevivido a varios intentos de violación, desde el campo de desplazados internos habilitado en el antiguo aeródromo de Qayara, al sur de Mosul, Irak.

Tras la batalla contra el Estado Islámico (EI), cuya derrota declaró el Gobierno de Teherán en diciembre de 2017, queda la ardua tarea de identificar a los verdaderos responsables del calvario perpetrado durante los tres años que duró el mal llamado califato en Siria e Irak. Pero ¿qué es y será de sus familias? Las mujeres e hijos de aquellos que han sido identificados como miembros del grupo yihadista cumplen una condena sin sentencia previa.

Viven atrapados en los campos de desplazados donde ellas son violadas, explotadas y excluidas de la ayuda humanitaria y los pequeños, marginados y humillados.

Las mujeres e hijos de los sospechosos de ser del EI cumplen una condena sin sentencia previa

Llevan la cruz del convicto, sin haber cometido presuntamente ningún crimen más allá de estar casadas o ser hijos de hombres que se afiliaron al grupo pero que, algunos de ellos, trabajaron como cocineros, médicos o guardianes, entre otros.

Es un “castigo colectivo”, denuncia la directora de investigación en Oriente Medio de Amnistía Internacional, Lynn Maalouf. Su organización detalla en un informe publicado a mediados de abril la difícil situación en la que se encuentran miles de familias encabezadas por mujeres que han tenido que valerse por sí mismas en los campamentos de desplazados internos después de que sus allegados masculinos fueran asesinados o arrestados arbitrariamente y desaparecidos por la fuerza mientras huían de las zonas controladas por Estado Islámico en Mosul y sus alrededores.

A Lumia, de 46 años, le preocupa el destino de su hijo de 19 años que está prisionero en una cárcel del Movimiento Popular. ‘Le han encarcelado por su padre’, dice.

A Lumia, de 46 años, le preocupa el destino de su hijo de 19 años que está prisionero en una cárcel del Movimiento Popular. ‘Le han encarcelado por su padre’, dice. (Amnistía Internacional)
“En muchos casos, el único ‘crimen’ de los hombres fue escapar de un bastión del EI, tener nombres similares a aquellos incluidos en cuestionables ‘listas de búsqueda’ o trabajar en roles que no eran de combate para el EI, como cocineros o conductores”, afirma el informe titulado Los condenados: mujeres y niños aislados, atrapados y explotados en Irak.

“Expulsadas de sus comunidades, estas familias no tienen a dónde ir ni a quién acudir. Están atrapadas en campamentos, excluidas y privadas de alimentos, agua y otros artículos esenciales”, denuncia Maalouf.

Dana (20 años)
Cada noche me digo a mí misma: ‘Esta noche es la noche que voy a morir’”
Pero la violación de derechos humanos va más allá de las dificultades para sobrevivir. El estudio recoge varios testimonios que relatan episodios de violación o de abuso y explotación sexual en los ocho campos de desplazados que visitó su equipo de investigación. “Como me consideran igual a un combatiente de Estado Islámico, me violarán y me devolverán.

Quieren mostrarle a todos lo que pueden hacer conmigo: quitarme mi honor… No puedo sentirme cómoda en mi tienda. Solo quiero cerrar las puertas y las paredes a mi alrededor… Cada noche me digo a mí misma: ‘Esta noche es la noche que voy a morir’”, continúa Dana su relato a los investigadores de AI.

Uno de los hombres que persiguió a Dana para tener relaciones sexuales con ella era un guarda de seguridad del campo y otros dos eran del grupo Movilización Popular Iraquí, la milicia paramilitar de mayoría chií que se formó para combatir el EI y que ahora han sido asimiladas formalmente por las fuerzas militares iraquíes.

Una mujer observa las runas de fuera del campo donde vive como desplazada
Una mujer observa las runas de fuera del campo donde vive como desplazada (Amnistía Internacional)
Cuatro mujeres contaron a AI que habían presenciado directamente alguna violación o habían oído en una tienda cercana los gritos de una mujer que estaba siendo violada por hombres armados, miembros de la administración del campo u otros residentes.

Fatima (nombre ficticio) explicó a los investigadores de la ONG que las fuerzas de seguridad del campamento las llevarona ella y a otra mujer, Rusul (nombre ficticio), a una tienda junto a la entrada, donde había una mujer que las desnudó y se llevó la ropa. Más tarde vino uno de los agentes de seguridad y violó a Rusul. “Ella luchó contra él y le pegó, pero sucedió”, recordaba Fatima.

Explotación sexual
Como les impiden el acceso a la ayuda humanitaria o les niegan los documentos de identidad que les permiten salir del campo, muchas de ellas se ven obligadas a vender sus cuerpos. Según el relato de los testimonios, existe un sistema de explotación sexual totalmente organizado en los campamentos, donde en algunos casos hay madames o proxenetas, y los clientes (fuerzas de seguridad o miembros de milicias, en su mayoría) pagan para abusar sexualmente de estas mujeres.

Tala (nombre ficticio), una mujer de 28 años, dijo a AI que la presionaron para tener relaciones sexuales con miembros del Movimiento Popular en su campamento porque tenían la autoridad de dejarle salir. “Tenía seis hijos más, porque su madre fue arrestada en Tikrit por estar con el Estado Islámico, y tenía que cuidarlos. Me vi obligada a empezar a dormir con miembros del Movimiento Popular, porque necesitaba todos los dinares que podía obtener”, detallaba esta mujer, que recibió entre 50, 58 u 84 dólares por los encuentros con esos hombres.

Arrestos arbitrarios
Son familias enteras sentenciadas por el crimen de pertenecer a un grupo que, en gran parte del territorio, se impuso a la fuerza. Pero, además, las organizaciones humanitarias ponen en duda las garantías jurídicas de la persecución llevada a cabo por las autoridades iraquíes contra sus maridos y padres, algunos de los cuales fueron muertos en combate, presos en arrestos arbitrarios, ejecutados sin juicio previo o juzgados sin garantías jurídicas.

Algunas de estas mujeres explicaron cómo los milicianos iraquíes separaron a los hombres y niños de sus familias cuando huían de los pueblos ocupados por Estados Islámico. Y ya no les han vuelto a ver.

Hawa, de 25 años, sostiene a su bebé de 5 meses dentro de una carpa en el campamento de Salamiya. Su esposo trabajó con ISIS en una oficina y murió durante un ataque aéreo hace un año ”
Hawa, de 25 años, sostiene a su bebé de 5 meses dentro de una carpa en el campamento de Salamiya. Su esposo trabajó con ISIS en una oficina y murió durante un ataque aéreo hace un año ” (Amnistía Internacional)
Cuando la guerra se libraba en Mosul –donde las fuerzas iraquíes junto a la coalición internacional lideraron una ofensiva que costó 10.000 vidas de civiles–, Human Rights Watch (HRW) halló pruebas de que algunos soldados iraquíes estaban ejecutando sospechosos de ser miembros del EI en lugar de juzgarles. El periódico británico The Independent publicó un vídeo en el que se veía a fuerzas de seguridad iraquíes llevando a cabo ejecuciones extrajudiciales, algo que el Gobierno iraquí ha reconocido.

“La justicia iraquí no distingue entre la culpabilidad de los médicos que protegieron vidas bajo el gobierno de Estado Islámico y los responsables de crímenes de lesa humanidad”, denunciaba la directora de HRW en Oriente Medio, Sarah Leah Whitson. Según la organización, a todos los hombres que formaron parte o trabajaron para el grupo yihadista tanto las autoridades iraquíes como el Gobierno Regional del Kurdistán les aplican la ley antiterrorista, que incluye condenas de por vida o pena de muerte. Tampoco distinguen entre menores de edad y adultos. Son juzgados por la membresía y no por actos concretos, según apuntaba la ONG.

Mujeres en un campo de desplazados internos de Irak
Mujeres en un campo de desplazados internos de Irak (Amnistía Internacional)
Human Rights Watch publicó un informe en diciembre de 2017 ( Justicia imperfecta. Responsabilidad por los crímenes de ISIS en Irak ) que examinaba los procesos de identificación, detención, investigación y enjuiciamiento de algunos de los miles de sospechosos de pertenecer al EI que están bajo el arresto de Irak.

HRW denunciaba que las autoridades iraquíes han ignorado derechos fundamentales para esos presos, como las garantías de la ley iraquí de llevar a los detenidos ante un juez en 24 horas, permitir el acceso a un abogado durante los interrogatorios y notificar a las familias su detención y permitir que las familias se comuniquen con los detenidos. Los detenidos también alegaron que las autoridades los torturaron para que confesaran que eran miembros del EI.

Vivero de terroristas
Tanto HRW como Amnistía Internacional denuncian que del trato que reciban los ‘perdedores’ del conflicto dependerá la futura paz de Irak. Para Amnistía, el maltrato que reciben las familias los supuestos miembros del EI están sembrando las semillas para la próxima generación de terroristas.

En este sentido se expresaba Lina (nombre ficticio) para AI: “Para nosotros fue una experiencia terrible estar bajo el dominio del EI y ahora enfrentamos una prueba aún más difícil… Somos rechazadas por todos… Como madres, podemos soportar este trato, pero ¿qué pasa con nuestros hijos? Este trato creará un nuevo Estado Islámico. Sin duda, esto es lo que producirá este terrible campamento”.

Noor, 52 años, camina con sus nietos en el campamento de Namrud, Irak. ‘ISIS no obligó a nadie a ir a trabajar con ellos, pero hicieron que la gente tuviera hambre, así que los forzaron indirectamente’, dice.
Noor, 52 años, camina con sus nietos en el campamento de Namrud, Irak. ‘ISIS no obligó a nadie a ir a trabajar con ellos, pero hicieron que la gente tuviera hambre, así que los forzaron indirectamente’, dice. (Amnistía Internacional)
“El manejo de los juicios a Estado Islámico en Irak es una oportunidad perdida para mostrarle a su pueblo, al mundo y al EI mismo que es una nación gobernada por leyes, debido proceso y justicia, capaz de llevar la responsabilidad por los crímenes más graves y la reconciliación para todas las comunidades afectadas por esta guerra “, concluía Sarah Leah Whitson.

Mientras, miles de mujeres luchan por sobrevivir, muchas de ellas no saben ni si sus maridos o hijos están vivos y otras esperan una liberación que dista mucho de que suceda en un país donde, tal y como denuncia HRW, a los hombres que vivieron bajo el dominio del EI, incluso aquellos que alegan que fueron obligados a unirse a los yihadistas, todavía están encerrados. Hay al menos 20.000 personas detenidas como sospechosas de pertenecer al EI, según datos oficiales del gobierno iraquí.

El número total de personas detenidas y acusadas de pertenecer al EI es de al menos 20.000 personas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *