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Pensando
Comunicación sin negocio

Para un comunicador, no hay una satisfacción más elevada que trabajar profesionalmente apegado a criterios que lleven en su conceptualización la mayor veracidad de los hechos.
Se trata de interpretar la realidad que nos lleva a la identificación de las soluciones, que dan seguridad a los desinformados que claman justicia social para caminar por senderos de esperanza, apoyados en una orientación que responda a la diafanidad y transparencia que nos de la seguridad para lograr nuestros propósitos.
La libertad de expresión es el derecho innegociable dentro del sistema democrático para desahogar lo que la débil justicia nos niega, dándonos un espacio en los procesos mediáticos, que no dan respuestas a las necesidades que nos afectan.
La teoría no se hace realidad si las informaciones carecen de profundización en el origen y consecuencias que las provocaron.
Si hurgamos en diferentes fuentes, nos daríamos cuenta de la verdadera trascendencia de los hechos y su relación con otras circunstancias políticas, sociales o económicas, que jamás habríamos sospechado. La comunicación no mediatizada evade las influencias de servicios de inteligencia, manipulación de corporaciones internacionales, los enfrentamientos geopolíticos entre potencias, y ni hablar, de las inconfesables alianzas políticas y económicas de diferentes poderes, que han traído consigo la disolución de las ideologías.
El mundo se hace injusto y competitivo, ya que el discernimiento humano está supeditado a los intereses del sistema; de ahí el rechazo al trabajo de comunicación limpio, que no negocia con los intereses fácticos influyentes en las decisiones de Estado.
En definitiva, las acusaciones y contra acusaciones responden más a intereses de grupos, que al interés nacional.

