A un año de la vacunación contra el COVID-19, las variantes como Ómicron expusieron los problemas en la distribución

A un año de la vacunación contra el COVID-19, las variantes como Ómicron expusieron los problemas en la distribución

El 54% de la población mundial aún no tuvo acceso al esquema completo de vacunas. Infobae entrevistó a una integrante del Panel Independiente Mundial, la científica Helena Legido-Quigley. Qué evaluación hizo del proceso de vacunación global.

“Fue maravilloso. No puedo creerlo ahora, lo que pasó en su momento”, dice la inglesa Margaret Keenan. Se refiere al recuerdo de lo que ocurrió hace un año, el 8 de diciembre de 2020, cuando se convirtió en la primera persona en el mundo en recibir una vacuna efectiva y segura contra la enfermedad COVID-19 después de los ensayos clínicos y la autorización para uso de emergencia. La mujer está por cumplir 92 años, y días atrás recomendó vacunarse: “Animo a todo el mundo a que lo haga”.

Fue un momento histórico: se aplicaba por primera vez una vacuna efectiva y segura basada en una plataforma de tecnología de ARN mensajero, que se venía desarrollando antes de la pandemia para otras enfermedades. Además de ese inoculante también se sumó el logro del desarrollo de otras vacunas en base a diferentes plataformas. Todas fueron las primeras vacunas contra un coronavirus en seres humanos (hay al menos 46 especies de coronavirus descriptas), y se evaluaron en menos de un año, gracias a la concentración de recursos, la dedicación de diferentes grupos de investigadores públicos y privados y los voluntarios que dieron su consentimiento informado para participar en los ensayos clínicos.

Para valorar la hazaña de las vacunas COVID-19: en el caso de la vacuna BCG, el desarrollo llevó 21 años. Se tardaron 23 años para contar con una vacuna efectiva contra el virus del papiloma humano (conocido por su sigla en inglés HPV) desde el momento en que se descubrió. En la década de los ochenta se describieron los virus de la hepatitis C y el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), pero las vacunas para esas infecciones aún están en camino.

Hoy hay 9 vacunas autorizadas ampliamente en el mundo, y otras 111 candidatas se están estudiando en laboratorios. Ya se aplicaron en la población más de 8.100 millones de dosis de las diferentes vacunas desarrolladas por institutos y empresas de Alemania, Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, y la India. Ha sido un gran avance para la investigación traslacional, que a partir de un problema como la pandemia buscó soluciones en los laboratorios y produjo rápidamente los inoculantes.

Sin embargo, el éxito no ha sido total: aún el 54% de la humanidad no tuvo acceso al esquema completo de dosis para protegerse en un momento en que las variantes de preocupación como Delta o Ómicron están acechando y amenazan con postergar el fin de la pandemia. Sólo el 7,1% de las personas que viven en países de bajos ingresos han recibido al menos una dosis.

“El desarrollo veloz de las vacunas contra la enfermedad COVID-19 es uno de los mayores logros de la investigación científica y tecnológica en el mundo. Incluso, expertos en disciplinas relacionadas están sorprendidos porque no se esperaban que en diciembre de 2020 ya se estuvieran aplicando las primeras vacunas después de los ensayos clínicos”, dijo a Infobae la científica española Helena Legido-Quigley, quien es doctora por la Escuela de Medicina Tropical e Higiene de Londres, miembro del Consejo del Foro Económico Mundial y del Panel Independiente para la Preparación y la Respuesta Pandémica.

Legido-Quigley junto con los otros integrantes del Panel Independiente acaban de publicar 9 trabajos científicos en la revista British Medical Journal (BMJ) con las revisiones exhaustivas que hicieron sobre la respuesta global y las acciones de gobiernos nacionales ante la emergencia de salud pública global que empezó en China en 2019. “Lo que demuestra la aparición de la variante Ómicron es que deberíamos haber priorizado la equidad en las vacunas y asegurarnos que los países más pobres tengan acceso a las vacunas. Nadie estará a salvo hasta que todos estemos a salvo. Ya lo dijimos en nuestro informe del Panel Independiente en mayo pasado y ahora desgraciadamente se ha hecho realidad. La razón ha sido la falta de liderazgo a nivel internacional”, sostuvo la experta.

Analizaron estudios e hicieron entrevistas con diferentes autoridades a nivel internacional y nacional. “Encontramos debilidades y fortalezas. No pretendemos culpar al país que le fue mal. Hicimos las investigaciones para identificar cuáles son los aprendizajes que se pueden tener en cuenta para prevenir futuras pandemias”, explicó la investigadora que estuvo de visita en Argentina la semana pasada. Fue invitada por el Instituto de Investigaciones Epidemiológicas de la Academia Nacional de Medicina de Argentina. En mayo pasado, el Panel ya había comentado que “el sistema actual falló en protegernos de la pandemia del COVID-19. Y si no actuamos para cambiarlo ahora, no nos protegerá de la próxima amenaza pandémica, que podría ocurrir en cualquier momento”, según dijo la co-presidenta Ellen Johnson Sirleaf.

Uno de los trabajos que hizo el Panel -que está liderado por la ex Primera Ministra de Nueva Zelanda, Helen Clark y la economista y ex presidenta de Liberia Ellen Johnson Sirleaf- consistió en la revisión de los procesos de vacunación. “El modelo que se usó para dar acceso a la humanidad a las vacunas falló. Principalmente, porque los países más ricos se han resistido a compartir dosis de vacunas con otros países que tienen dificultades en adquirirlas. Esa decisión les saldrá más caro que haber compartido las dosis”, afirmó Legido-Quigley.

Como un intento para llevar las vacunas a todos los rincones del planeta, se había organizado en 2020 el Acelerador del Acceso a las Herramientas de COVID-19 (ACT-A). Es un mecanismo de coordinación multilateral creado para acelerar el desarrollo, la producción y el acceso equitativo a las pruebas de diagnóstico, los tratamientos y las vacunas de COVID-19 a nivel mundial. Reúne a gobiernos, científicos, empresas, sociedad civil, filántropos y organizaciones sanitarias mundiales.

Tras hacer la revisión, el Panel Independiente -integrado por 13 expertos de las diferentes regiones del mundo en total (incluye al ex Ministro de Finanzas de Colombia, Mauricio Cárdenas, y al ex presidente de México, Ernesto Cedillo)- consideró: “A pesar de su audaz visión, el Acelerador no ha cumplido hasta ahora sus expectativas. Covax, el pilar de vacunas de ACT-A, ha sido responsable de menos del 6% de los 6.820 millones de vacunas de COVID-19 administradas hasta octubre de 2021″.

El proceso de las vacunas se basó -según sostienen los expertos del Panel- en un modelo de mercado estándar -es decir, desarrollo, ensayos, autorización de uso de emergencia, venta a países de renta alta y, a continuación, redistribución a los países de renta baja- “en lugar de tener una visión integral en la que el acceso equitativo se considera desde el principio -durante el diseño y la asignación del producto, la investigación y el desarrollo, la fabricación y los procesos de adquisición-. Se basó en los mecanismos de toma de decisiones de las organizaciones existentes, que algunos perciben como excesivamente impulsados por los donantes”.

Además, el trabajo señaló: “Las corporaciones globales desarrollaron y vendieron productos patentados diseñados para los países ricos, dejando al resto del mundo dependiendo de la buena voluntad de los donantes, la ayuda al desarrollo y la caridad. Esto es así a pesar de la importante inversión pública antes y durante la pandemia en investigación, compras anticipadas, exenciones de responsabilidad, y la logística y entrega de las vacunas”.

Según el Panel, hasta el momento hubo un apoyo financiero insuficiente y retrasado para hacer llegar las vacunas a los países con menos ingresos. “Covax no pudo competir con los países de renta alta con mayor poder adquisitivo ni acoger a los grandes fabricantes”, afirmaron. Advirtieron que se debería reformular el modo de dar financiamiento del Banco Mundial y otros bancos para el desarrollo.

También hicieron un cuestionamiento a la Organización Mundial de la Salud: “El plan de investigación y desarrollo de la OMS sirvió para establecer rápidamente un programa común de investigación. Fue más eficaz para apoyar el desarrollo de productos de vacunas y, en menor medida, para los diagnósticos. A pesar del éxito del ensayo de Solidaridad para la terapéutica, los expertos que entrevistamos de otras instituciones internacionales y organizaciones no gubernamentales consideraron que la gestión de los programas de investigación clínica no debería formar parte del ámbito de la OMS, ya que esto puede crear conflictos de intereses dado el papel de la agencia sanitaria en la aprobación de productos basados en los resultados de los ensayos”.

Otra de las dificultades que se señalan es que hubo una concentración geográfica en la producción de las vacunas y demoras en las entregas de dosis, como ocurrió en Argentina, donde el plan estratégico de inmunización empezó en diciembre del año pasado pero sufrió demoras durante los primeros cuatro meses. Para evitar ese tipo de dificultades, el Panel Independiente recomendó que se debería ampliar “la capacidad regional para las tecnologías de plataforma clave (por ejemplo, anticuerpos monoclonales y ARN mensajero) para evitar la dependencia de unos pocos fabricantes y fortalecer los sistemas de suministro debe ser una prioridad”.

Aclararon que ese cambio requiere “transferencia de tecnología y conocimientos técnicos muy específicos y especializados, en coordinación con la supervisión reglamentaria, la participación sólida de los desarrolladores de vacunas y la aplicación de buenas prácticas de fabricación biológica en laboratorio, consistentes, y abordar la sostenibilidad financiera de las instalaciones”.

También el Panel Independiente llamó a modificar otros aspectos para que las vacunas y los tratamientos lleguen realmente a toda la humanidad. Se deberían hacer “contratos prenegociados”. Sugieren prenegociar contratos jurídicamente vinculantes para las emergencias pandémicas con los principales fabricantes”. Los contratos podrían incluir la capacidad de producción puntual o en tiempo real de diagnósticos, terapias o vacunas para el mecanismo global y la provisión de licencias voluntarias de propiedad intelectual y transferencia de tecnología a los fabricantes de genéricos.

Remodelar el mecanismo Covax fue otra de las sugerencias. “Una mayor financiación y una mayor participación en Covax de los países de altos ingresos antes o al comienzo de futuras pandemias le permitiría asegurar más dosis de vacunas y mejores condiciones para el mundo (por ejemplo, garantías de volumen, capacidad de fabricación, precios favorables). Los acuerdos del sistema prenegociado tendrían que incluir los compromisos u obligaciones de los países para obtener diagnósticos, terapias y vacunas del sistema mundial y limitar los acuerdos bilaterales con los fabricantes a través de un convenio marco para pandemias”, recomendaron.

A través del mecanismo COVAX, se pretendía vacunar al 40% de la población de todos los países para finales de 2021, pero hasta ahora no se logró. La humanidad está en un momento clave, puntualizó la doctora Legido-Quigley. “Hasta ahora el acceso con equidad a las vacunas y los tratamiento no ha ocurrido tal como se esperaba. Es un momento para que se desarrolle la visión compartida de que esas herramientas esenciales para la salud pública deben ser consideradas como un “bien público”, resaltó. Ante el avance de las variantes como Ómicron -que ya se detectó en muestras de pacientes con COVID-19 de más de 60 países-, hoy garantizar el acceso a las dosis es crucial: que todos tengan las dosis que recibió la inglesa Margaret Keenan hace un año para resguardar su derecho a la salud.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *