Alfonso Quiñones me entrevista

Alfonso Quiñones me entrevista

Él es un destacado periodista, poeta, estudioso de la cultura, guionista y productor de cine y de televisión. Dirige el periódico digital Nota Clave, donde resalta, entre otros, asuntos de orden cultural. Nació en Cuba, pero lleva alrededor de veinte años conviviendo con nosotros. Tuvo la gentileza de entrevistarme, a propósito del anuncio de la Academia Dominicana de la Lengua en torno a mi elección como miembro de número de esa prestigiosa entidad. Comparto con los lectores de “Carpe diem” algunos fragmentos del diálogo escrito.

Me cuestionó acerca de si anhelaba llegar a la Academia Dominicana de la Lengua y si era allí el más joven académico. Le respondí que, en honor a la franqueza, no lo anhelé nunca. Respeto la institución. No me consideré digno de ella. Alguna vez una persona académica me comentó que quería proponer mi nombre, pero que debía yo mismo emprender acciones y estrategias de relaciones públicas para lograr la entrada. El primer avergonzado de semejante tarea hubiera sido yo. No me perdonaría a mí mismo, si lograra en la vida algún mérito de esa forma.

La relación, en mi caso, entre poesía y pensamiento. Respondí que me he dado a la modesta tarea, sé que no lo consigo todavía, de construir un pensamiento. No sé siquiera si lo consiga alguna vez. Pero, de lo que sí estoy convencido es de que la unión indisoluble, de una compacidad granítica, entre poesía, filosofía y literatura ha de ser el pilar por excelencia de ese posible pensamiento. Además, que probablemente sea ese el tema de mi exposición para el ingreso formal a la institución.

¿Poeta sobre todas las cosas? Me considero humano sobre todas las cosas, le dije. Y como humano, tengo el privilegio de sentirme y comportarme como un instrumento, más que un artífice, de la palabra. La poesía es el fundamento de mi cosmovisión. Es la sensibilidad frente al lenguaje la que te acerca a las puertas de la percepción de que habló el poeta, místico y artista William Blake. Mi poesía hurga en el pensamiento filosófico; mi filosofía se nutre de la agudeza de la mirada poética.

¿Por qué la poesía ha perdido tantos lectores en el mundo, tanto que muchos la consideran un género en extinción?, preguntó. La humanidad misma ha estado más de una vez, pandemia actual a la vista, al borde de la extinción, contesté. Exceptuando en las culturas griega y grecolatina o helénica, en que la poesía era el vehículo transmisor de la tragedia y la comedia, entonces con representaciones masivas, la poesía, llegadas la Edad Media, la Modernidad y la Posmodernidad o Hipermodernidad ha pasado a ser, como alguna vez lo evocó, con un genial oxímoron, el gran poeta español Juan Ramón Jiménez, el género literario de una “inmensa minoría”.

Superada la segunda mitad del siglo XX, en la que todavía las voces de los grandes poetas gravitaban sobre los acontecimientos sociopolíticos y culturales del mundo, hay que admitir que esta expresión discursiva ha venido a menos, y que las editoriales apuestan más a la narrativa y al ensayo. Una señal de aliento fue otorgar el Premio Nobel de Literatura 2020 a la poeta norteamericana Louise Glück.

Al preguntarme sobre cuál autor de la Antigüedad me conmovía, le contesté, Platón, con todo y que se convirtió en un poeta renegado. Era, primero, poeta y luego, sonsacado por Sócrates, se autodefine filósofo y termina recomendando la expulsión de los poetas, por ser gentes delirantes y víctimas de las musas, de su República ideal. Al menos, no los exilió de la Caverna, donde míticamente los poetas son más necesarios y redituables a la cultura.

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