¿’Caza de brujas’ digital? El creciente temor que mueve a las mujeres en EE.UU. a borrar las aplicaciones de seguimiento de menstruación

¿’Caza de brujas’ digital? El creciente temor que mueve a las mujeres en EE.UU. a borrar las aplicaciones de seguimiento de menstruación

El caso de una joven que fue detenida por sus chats de facebook reavivó las alertas de las organizaciones feministas.

La decisión de la Corte Suprema de Justicia de EE.UU. de invalidar el derecho al aborto ha derivado en una intensa campaña que convoca a las mujeres a eliminar las aplicaciones que usan para controlar las fechas de su menstruación, ya que podrían ser perseguidas y acusadas de abortar.

El creciente temor se basa en el hecho de que las empresas que operan esas aplicaciones podrían vender los datos de millones de usuarias a las autoridades o a organizaciones antiabortistas que, de esta forma, estarían en condiciones de vigilar y analizar la información de ciclos menstruales.

Ello les permitiría detectar cuándo ha comenzado o se ha detenido un embarazo y denunciar ante la Justicia a las mujeres que, según sus sospechas, han abortado (o podrían estar interesadas en hacerlo).

Desde que el pasado 24 de junio la Corte revocó el derecho constitucional al aborto que regía desde 1973, las feministas se encuentran en estado de alerta por la criminalización a la que han vuelto a ser sometidas las mujeres.

Antes, por lo menos 26 de los 50 estados ya contemplaban la posibilidad de sumarse a lo que decidiera la Corte, pero las disputas legales están en marcha.

 Misuri, por ejemplo, adaptó de inmediato la decisión, mientras que en Texas y en Virginia Occidental hubo jueces que autorizaron la reanudación temporal de los abortos.

En Kansas, la ciudadanía votó a favor de mantener este derecho, pero Georgia les otorgó reconocimiento legal a los fetos como «dependientes».

Y en Louisiana ya hay un proyecto para equiparar al aborto con un homicidio.

Otra de las secuelas inmediatas fue el aumento récord en la venta de anticonceptivos en farmacias estadounidenses y de pastillas abortivas que son enviadas por correo desde Europa.

Además, se conocieron casos concretos como el de una niña que quedó embarazada luego de ser violada y que, para poder abortar, tuvo que viajar de Ohio a Indiana antes de que en este estado se validara la prohibición.

Esta semana, las alarmas se reavivaron con la historia de una joven de 17 años y de su madre que fueron acusadas de los delitos de aborto ilegal y ocultamiento de un cadáver.

Las pruebas presentadas por la Policía son sus chats en Facebook.

La privacidad digital no fue respetada. Por eso, en las redes sociales se volvió a recordar el mensaje «Delete your period tracking apps today» («elimina tus aplicaciones de seguimiento de períodos hoy»).

Distópico

Uno de los tuits que convoca a borrar las aplicaciones de la menstruación que ha tenido mayor impacto es el de la escritora Jessica Khoury, que acumula cientos de miles «me gusta», retuiteos y respuestas.

«Hace años, los piratas ya decíamos que había que defender la privacidad digital, incluso en democracias. Porque nunca se sabe», advirtió un usuario.

«Hay casos en que han vendido datos de las usuarias a empresas para que te aparezca el anuncio de anticonceptivos, pruebas de embarazo, productos de bebé o cosas por el estilo en el momento adecuado, es un poco turbia la cosa», agregó otra.

Un tuit resumió: «Mujeres estadounidenses avisándose entre ellas para borrar las apps de la regla porque puede usarse de prueba en caso de ser denunciadas por abortar; es absolutamente distópico».

Lo que sigue, advirtieron varios, es la anulación del matrimonio entre personas del mismo sexo.

También recordaron que se criminalizará a las personas que ayuden a una mujer a interrumpir sus embarazos. «Puede ser el taxista que te llevó a la clínica, tu mejor amiga, tu vecina.

 Todo aquel que no te haya denunciado», explicó una usuaria, mientras que otra concluyó: «Es una maldita caza de brujas porque odian a la mujer.

No hay otra explicación.

A los irónicamente llamados ‘pro-vida’, la vida les importa un carajo. Lo único que les importa es el control y las ansias de poder».

La recomendación generalizada es borrar las aplicaciones y volver a dar seguimiento al ciclo menstrual en agendas de papel.

Siempre será más fácil destruirlas.

Por otra parte, algunas empresas se han comprometido a ponerse del lado de las mujeres y respetar su privacidad.

¿Soluciones?

«Queremos dejar claro nuestro compromiso contigo.

Somos mujeres propietarias de una aplicación fundada en la creencia de la libertad de elección y de privacidad.

No vendemos datos, no hemos vendido datos y no venderemos datos.

Tenemos encriptada tu información para asegurarnos de que ni el gobierno ni las compañías tendrán acceso a los datos que solo te pertenecen.

Deberá ser así para siempre», aseguró, por ejemplo, Stardust Period Tracker.

Otras empresas informaron que están actualizando sus formularios para que no aparezcan los correos ni los teléfonos de las usuarias, aunque expertos en seguridad cibernética ya advirtieron que se pueden rastrear los historiales de búsqueda.

Varias plataformas han elaborado guías para contrarrestar la vigilancia digital.

Además de borrar las aplicaciones de seguimiento de la regla, proponen borrar todos los datos personales con los que las mujeres se inscribieron en esos sitios.

También recomiendan bloquear el localizador de ubicación geográfica ante de comprar anticonceptivos.

La misma medida sirve para evitar que las personas que están en una sala de espera de una clínica abortiva puedan ser ubicadas.

Otros consejos son: no comprar anticonceptivos siempre en la misma farmacia; evitar las cadenas que tengan cámaras de vigilancia; y pagar en efectivo porque las tarjetas bancarias pueden ser rastreadas.

«No discutir tu ciclo con nadie en quien no confíes por completo», es otra de las sugerencias que remite a «El cuento de la criada», la exitosa novela en la que Margaret Atwood imagina un mundo gobernado por fundamentalistas religiosos que controlan por completo la vida sexual y reproductiva de las mujeres.

Solo que, en este caso, ya no se trata de una ficción.

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