Concientización y acción contra la violencia

Concientización y acción contra la violencia

Celedonio Jiménez

He recibido con mucho gusto un ejemplar de la revista “Perspectivas Psicológicas”, del Instituto de Psicología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en el que, en una edición especial, son recogidos una serie de estudios sobre la violencia y otros temas psicosociales, de la autoría de los doctores Mayra Brea y Edylberto Cabral.

La importancia de estos estudios es relevante en un país en que la violencia, lejos de lo deseado, sigue siendo uno de nuestros grandes males de cada día.

Bien lo observó y señaló el editorialista de este diario “El Día”, al plantear que “Hay mucha agresividad en el diario vivir. Eso se nota en cosas tan simples como el tránsito, las conversaciones triviales, el servicio al cliente o las atenciones al contribuyente” (7 de diciembre de 2021).

La preocupación por la violencia en la sociedad dominicana posee toda pertinencia si tomamos en cuenta que en el país los niveles de violencia son susceptibles de escalar de manera elevada tal como sucedió en el 2005, cuando el índice de homicidios alcanzó 26 personas por cada 100,000 habitantes.

Vale decir que el techo de nuestra violencia puede subir notoriamente, dado que una serie de circunstancias, como la socialización y estructura patriarcal, la falta de capacidad para negociar los conflictos, las muchas frustraciones y disgustos, hacen bastante expansible nuestro techo de violencia.

En el país, a nuestro juicio, los índices de homicidios han bajado, pero eso no indica que necesariamente haya pasado lo mismo con la violencia. Creemos que ésta se mantiene o crece. (Reflexionemos cuantos gestos o actos de violencia producimos al día). Y siendo este factor difícil de medir y registrar, algunos puede que se inclinen a la subestimación del fenómeno o a la proposición de fórmulas simplistas.

La existencia e incremento de la violencia encuentra raíces en factores históricos y sociales, pero también en factores de otra naturaleza.

Si bien es cierto que la vida en precariedad genera frustraciones y estados psicológicos que conducen a actitudes violentas, tal como lo apuntan los doctores Brea y Cabral, también la baja escolaridad y la deserción escolar dan lugar a ella en una alta proporción.

Esto lo decimos sin olvidar que también existe la violencia y delito de “cuello blanco”, donde el factor pobreza ni la falta de educación formal, se encuentran presentes.

Es por eso que somos partidarios, como los autores Brea y Cabral, de enfocar y abordar el fenómeno de la violencia desde perspectivas inter, trans y multidisciplinarias, a los fines de analizarlo y enfrentarlo concertadamente, por todas sus aristas, para poder concientizar y librar una acción verdaderamente efectiva.

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