Contra la estigmatización y el tabú: el debate sobre el peso económico y social de la menstruación se abre paso en Argentina

Contra la estigmatización y el tabú: el debate sobre el peso económico y social de la menstruación se abre paso en Argentina

Los prejuicios y la ignorancia en torno a la menstruación comenzaron a combatirse en Argentina. Y, de manera inédita, el esfuerzo es encabezado desde el gobierno.

La semana pasada, más de 100 funcionarias nacionales y provinciales, diputadas y senadoras nacionales, concejalas, cooperativistas y activistas de todo el país realizaron el primer Foro de Acciones para alcanzar la Justicia Menstrual.

El evento se llevó a cabo en la Casa Rosada, sede del Poder Ejecutivo, y fue toda una señal del impulso que habrá desde el oficialismo al rediseño de políticas públicas con perspectiva de género, que incluyen un tema social que arrastra una añeja carga de estigmatización y que, en tiempos de la revolución feminista, sigue siendo un tabú.

En la reunión analizaron la desigualdad que genera la menstruación y plantearon iniciativas para revertir una problemática que afecta la economía la salud, la educación y el trabajo de las mujeres y personas menstruantes (varones trans o personas no binarias).

Las acciones son inmediatas. Los ministerios de Salud y de Seguridad, por ejemplo, anunciaron partidas presupuestarias para la compra de copas menstruales que se distribuirán de manera gratuita en barrios populares y a mujeres que forman parte de las fuerzas federales, mientras que Desarrollo Social pondrá en marcha programas específicos de gestión menstrual.

Una de las principales iniciativas reclama la quita del Impuesto al Valor Agregado a los tampones y toallas, y que sean incorporados al programa Precios Cuidados para reducir su costo. Desde el Poder Legislativo, además, ya hay 19 iniciativas referidas a la provisión de productos gratuitos y la promoción de la gestión menstrual sustentable.

La Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación anunció, por su parte, que lanzará concursos de diseño de productos de gestión menstrual y campañas de concientización y, finalmente, para la investigación sobre el impacto ambiental, económico y de salud que representa la menstruación.

«La gestión menstrual va a ser política de Estado», anunció la intelectual Dora Barrancos, asesora del presidente Alberto Fernández. Y comenzó la polémica.

Fakes
Se sabe tan poco sobre el impacto que la menstruación tiene en la educación y en la economía de las mujeres, que la reunión de las funcionarias y líderes sociales desencadenó una oleada de críticas al gobierno por parte de personas que consideran que es un tema frívolo.

El caso más extremo fue el de Viviana Canosa, una periodista que se ha ido corriendo hacia la ultraderecha y que es conocida por generar escándalos, como la vez que tomó dióxido de cloro en vivo en la televisión y lo recomendó para combatir el coronavirus, a pesar de los riesgos que ello conlleva para la salud.

La comunicadora publicó un artículo en el que se quejó por la creación del «Ministerio de la Menstruación», algo que no se había propuesto pero que, como suele ocurrir con las noticias falsas, desató una oleada de indignación por parte de los opositores al gobierno.

«¡El Ministerio Menstrual en un país donde nadie habla de la educación, donde el hambre golpea a los hogares argentinos y donde el mapa de la pobreza alcanzó en el primer semestre de este año un 40,9 por ciento! Que en esta Argentina en emergencia esté en agenda un Ministerio de la Menstruación me indigna. ¿Cuáles son nuestras prioridades?», escribió.

Entre insultos, también se quejó porque uno de los reclamos sea el permiso de ausencia laboral por menstruación. «O sea, otro día que te paga y te regala el Estado», aunque en realidad esa no es la propuesta. Además, usó uno de los argumentos más repetidos y exitosos de la derecha a nivel internacional: «La justicia menstrual es venezualizarse», para relacionar toda política con el gobierno de Nicolás Maduro.

«Los tampones me los compro yo. No quiero que la plata de mis impuestos vaya a un Ministerio de la Menstruación», advirtió Canosa con una frase que, sin querer, justificó precisamente la necesidad de que el Estado intervenga en favor de las mujeres más pobres que no pueden adquirir productos de gestión menstrual, o que se les complica.

Ella no lo necesita, pero muchas otras, sí.

Las razones
El año pasado, la organización argentina Economía Feminista lanzó «Menstruacción», una campaña contra la estigmatización de un hecho que acontece en la vida de la mitad de la población mundial.

Desde entonces, además de recolectar y donar más de 12.000 productos de gestión menstrual (toallas, tampones y copas), también ha ofrecido algunos de los primeros datos confiables en torno a esta temática.

De acuerdo con su análisis, en Argentina la brecha salarial promedio entre hombres y mujeres es del 27,7 %, pero más del 38 % de las asalariadas están en situación de informalidad, en donde ese abismo se ensancha hasta un 37 %. Dicho de otro modo: ellas ganan casi un 40 % menos que ellos.

A su vez, la mitad de las mujeres argentinas gana menos de 17.900 pesos mensuales (213 dólares), pero el costo estimado de gestionar la menstruación mediante la compra de toallitas y tampones es de entre 2.900 y 3.800 pesos argentinos (34 y 45 dólares), es decir, hasta el 21 % de sus ingresos.

«Este gasto no es optativo, ya que es nuestro deber social gestionar la menstruación y el mismo impacta sobre ingresos, que son de por sí menores. Por eso, el primer reclamo de la campaña es la quita del IVA de los productos de gestión menstrual, ya que son productos de primera necesidad y el impuesto sobre ellos crea una desventaja real para las personas que menstrúan», advierte la organización.

Impacto
Por otro lado, señala, en un contexto en el que la mayoría de las personas pobres son mujeres (siete de cada 10 en Argentina), no poder adquirir los medios para gestionar la menstruación es un factor de ausentismo escolar y laboral.

«Las personas en edad escolar que no pueden acceder a productos que les garanticen no mancharse en clase dejan de ir durante los días de sangrado. Estas personas también son propensas a incurrir en prácticas poco sanitarias para gestionar su menstruación, que generan mayores riesgos de infecciones e infertilidad. El segundo reclamo busca reparar esta situación exigiendo la distribución gratuita de métodos de gestión menstrual en escuelas, cárceles y otros espacios comunitarios», detalla la organización.

En el material educativo que elaboró para demostrar por qué es importante hablar de menstruación, Economía Feminista explicó que las campañas de salud a nivel oficial no proveen ni recaban datos sobre las consecuencias de la exposición química a largo plazo por vía vaginal, derivada del uso de toallitas y tampones, ni mide el impacto ambiental por el desmonte de selva nativa para el cultivo de pinos de los que se extrae la materia prima de estos productos.

Mucho menos, denuncia, se elaboran estadísticas sobre ausentismo escolar por falta de acceso a métodos de una gestión menstrual que requiere acceso a agua limpia, instalaciones sanitarias adecuadas, productos y lugar para eliminación de los desechos.

«Desde una perspectiva de derechos humanos existe una conexión inextricable entre la menstruación, la pobreza, la educación, la equidad de género, la salud, la justicia reproductiva y el desarrollo. A lo largo de la historia, la menstruación se ha utilizado como excusa para negar derechos sociales y económicos. Que un fenómeno fisiológico que concierne a la mitad de la población sea considerado, aún hoy en día, un tema tabú, afecta el desarrollo laboral, las promociones, los incentivos y las oportunidades de progreso económico de las mujeres y personas menstruantes», precisó.

Pero ahora, con estrategias como la que lleva a cabo el gobierno argentino, esta situación puede comenzar a cambiar.

Cecilia González

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