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Al menos dos bancos centrales latinoamericanos anunciaron este martes sus decisiones de política monetaria. Y los veredictos fueron distintos. El Banco de la República de Colombia elevó su tasa de interés de referencia en 75 puntos básicos, hasta situarla en 12 %. El Banco Central de la República Dominicana, en cambio, decidió mantenerla inalterada en 5.25 %, prolongando por octavo mes consecutivo la estabilidad que prevalece desde noviembre.
Que ambas autoridades hayan optado por senderos diferentes no responde a un capricho ni a una divergencia de criterios. La política monetaria, como la medicina, prescribe tratamientos distintos para diagnósticos diferentes. Colombia y la República Dominicana transitan momentos distintos de su ciclo económico y monetario, por lo que las respuestas de sus bancos centrales reflejan realidades que poco tienen en común.
En el caso dominicano, el sistema de pronósticos del banco central anticipa que la inflación interanual podría permanecer durante los próximos meses ligeramente por encima del rango meta. Sin embargo, también prevé que comenzará a moderarse en el transcurso del segundo semestre del año, favorecida, entre otros factores, por la reducción de los precios internacionales del petróleo. Bajo ese escenario, las proyecciones apuntan a que la inflación retornará al rango objetivo de 4.0 % ± 1.0 % durante el cuarto trimestre.
A esa perspectiva contribuye otro elemento no menos relevante: en junio, los agentes económicos moderaron sus expectativas de inflación para los próximos doce meses, mientras que las expectativas de mediano plazo permanecen firmemente ancladas en el centro de la meta establecida por el Programa Monetario. En política monetaria, las expectativas suelen ser tan decisivas como los propios datos, pues muchas veces anticipan el rumbo de la economía antes de que este se haga visible en las estadísticas.
Ese conjunto de señales ofrece a la autoridad monetaria el margen necesario para preservar un período ya prolongado de estabilidad en la tasa de referencia, evitando, de paso, que un endurecimiento prematuro de las condiciones financieras interrumpa el proceso de recuperación que acerca a la economía a su crecimiento potencial. A veces, la mejor decisión consiste precisamente en no mover la brújula cuando el rumbo es el correcto.
Muy diferente es el panorama colombiano. Allí, la inflación interanual correspondiente a junio habría superado el 6 %, según estimaciones del equipo de investigaciones económicas de Corficolombiana, después de haber alcanzado 5.84 % en mayo. Se trata de una inflación considerablemente más alejada de la meta oficial de 3 %, con una persistencia que exige una respuesta más firme por parte de la autoridad monetaria.
En ese contexto, el incremento de la tasa de interés constituye un instrumento para enfriar la demanda agregada, contener las presiones inflacionarias y reafirmar el anclaje de las expectativas. Cuando la inflación amenaza con echar raíces, la política monetaria debe actuar antes de que el problema se convierta en hábito.
La diferencia entre ambos países ilustra cómo una misma herramienta puede emplearse de manera distinta según las circunstancias. Mientras en la República Dominicana la inflación se ha situado apenas y transitoriamente por encima de la meta como consecuencia de choques externos —más que de desequilibrios internos —, en Colombia las presiones inflacionarias responden a un contexto más complejo y persistente, que demanda una política monetaria más restrictiva.
Dos bancos centrales, por tanto, dos decisiones diferentes. No porque uno tenga razón y el otro se equivoque, sino porque cada uno responde a una realidad distinta.

