El clérigo Al Sadr se perfila como gran ganador en Irak

El clérigo Al Sadr se perfila como gran ganador en Irak

La coalición que lidera el controvertido clérigo chií Moqtada al Sadr iba ayer en cabeza del recuento electoral en Irak, una vez escrutados los votos en 10 de las 18 provincias del país.

La coalición Sairum de Al Sadr cumplía, al menos sobre el papel, con las peticiones que hacían la mayoría de los iraquíes en las primeras elecciones después de la gran batalla para derrotar al Estado Islámico: fin del discurso sectario, caras nuevas fuera de la clase política que no ha logrado traer bienestar al país y distanciamiento de los poderes extranjeros que ejercen influencia en Irak como EE.UU. e Irán.

Sin embargo, el bloque liderado por el clérigo, donde conviven islamistas, comunistas y decenas de tecnócratas, no era el favorito. Los iraquíes esperaban que la fuerza más votada fuera Al Nasr, liderada por el primer ministro, Haider al Abadi, que ha logrado gran popularidad en diferentes zonas del país, especialmente entre la comunidad suní, tras la victoria contra el EI.

Pero todos los cálculos estaban equivocados. Los iraquíes demostraron su hartazgo con la clase política, a la que acusan de corrupta y de haber fracasado en aspectos como la economía y la creación de empleo, especialmente entre los jóvenes. La participación fue del 44,5%, la más baja desde la invasión liderada por los estadounidenses en el 2003.

Las coaliciones conformadas por políticos que han tenido la oportunidad de gobernar, como Al Abadi o el ex primer ministro Nuri al Maliki, fueron relegadas a un tercer y cuarto lugar, respectivamente, por alianzas que ofrecían un nuevo mensaje. “Nosotros no nos vemos como suníes, chiíes o cristianos, todos somos iraquíes”, explicaba durante la campaña Enam al Quzaee, que encabezaba el grupo de mujeres que forman parte de la coalición de Al Sadr.

Varapalo en las urnas para el primer ministro Al Abadi, que partía como favorito tras la victoria sobre el EI

La base de apoyo del clérigo chií, que tiene una de las mayores capacidades para movilizar multitudes en Irak, son los cientos de miles de jóvenes, especialmente de los sectores más pobres del país. Su capital político y religioso es un legado de su familia, incluido su padre, el gran ayatolá Mohamed Sadeq al Sadr, que fue asesinado durante la época de la dictadura de Sadam Husein.

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