![]()
El doble juego de la diplomacia: Pakistán bajo fuego cruzado por su rol mediador en la guerra con Irán
ISLAMABAD – La audaz apuesta de Pakistán por consolidarse como el principal puente diplomático entre Washington y Teherán ha comenzado a agrietarse bajo el peso de las sospechas geopolíticas. Tras haber logrado el hito histórico de sentar a delegaciones de alto nivel de Estados Unidos e Irán en una misma mesa en Islamabad, el gobierno pakistaní enfrenta ahora una severa crisis de credibilidad que amenaza con dinamitar su rol de facilitador.
La filtración de informes de inteligencia que ubican a aeronaves militares iraníes resguardadas en territorio pakistaní ha encendido las alarmas en Occidente, reviviendo los fantasmas del «doble juego» que históricamente han marcado las relaciones de Islamabad con sus aliados.
El detonante: Aviones iraníes en la base de Rawalpindi
La estabilidad del frágil proceso de paz que lidera Pakistán se tambaleó luego de que la cadena estadounidense CBS, citando a altos funcionarios de Washington, revelara que Pakistán permitió el aterrizaje y estacionamiento de aviones militares pertenecientes al régimen de Teherán en la Base Aérea Nur Khan, a las afueras de Rawalpindi. Según las sospechas de la inteligencia norteamericana, esta maniobra habría tenido como objetivo proteger los activos aéreos de Irán ante eventuales bombardeos estadounidenses.
La respuesta del Ministerio de Relaciones Exteriores de Pakistán no se hizo esperar, calificando los reportes de «engañosos y sensacionalistas». Sin embargo, en un comunicado que dejó más dudas que certezas, la cancillería no desmintió la presencia de los aviones, argumentando que las aeronaves llegaron estrictamente durante el periodo de alto el fuego temporal y que su estadía no guardaba ninguna relación con contingencias militares o pactos de preservación bélica.
Furia en Washington y el retorno de la desconfianza
Las repercusiones políticas en los Estados Unidos fueron inmediatas. El influyente senador republicano Lindsey Graham lideró la ofensiva legislativa al advertir que, de confirmarse la veracidad de estos informes, la Casa Blanca se vería obligada a realizar «una reevaluación completa» del papel de Pakistán como mediador.
Este incidente ha reabierto las heridas de la era de la guerra contra el terrorismo, cuando la administración de Donald Trump acusó duramente en 2018 a Islamabad de recibir miles de millones de dólares en asistencia mientras proveía de refugios seguros a los adversarios de Estados Unidos. El ala dura de Washington argumenta que Pakistán no puede actuar como un árbitro neutral si simultáneamente ofrece facilidades logísticas al ejército iraní.
El frente interno: Irán y el déficit de confianza
Para empeorar el panorama del primer ministro Shehbaz Sharif, la presión no proviene únicamente de Occidente. Teherán también ha comenzado a manifestar un profundo «déficit de confianza» respecto a la neutralidad paquistaní.
Fuentes diplomáticas señalan que el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, ha intensificado contactos paralelos con Omán y ha sostenido reuniones directas en Rusia con Vladímir Putin. Este despliegue alternativo es interpretado por los analistas como una señal inequívoca de que Irán duda de la capacidad de Islamabad para representar sus intereses de forma fidedigna, recelando de los vínculos históricos que Pakistán mantiene tanto con el Pentágono como con su rival estratégico en el Golfo, Arabia Saudita.
Balance en la cuerda floja
A pesar del complejo escenario, el portavoz de la cancillería pakistaní reiteró que el país mantendrá en marcha su iniciativa de cinco puntos —coordinada estrechamente con China, Arabia Saudita, Turquía y Egipto— orientada a restaurar el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz y forzar una tregua duradera.
No obstante, lo que inicialmente se proyectó como el gran regreso de Pakistán al escenario de las potencias mediadoras globales, hoy corre el riesgo de colapsar. Atrapado entre la exigencia de transparencia de los halcones de Washington y el escepticismo de los líderes de línea dura en Teherán, el espacio de maniobra de Islamabad es cada vez más reducido.

