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El estrecho de Ormuz: la arteria energética que sostiene la economía mundial
El cierre total del estrecho de Ormuz ha provocado un impacto económico inmediato, medible y sin precedentes en los últimos años. Por este corredor marítimo circulan entre 13 y 20 millones de barriles diarios, según estimaciones de distintos organismos internacionales, lo que representa entre el 20 % y el 31 % del petróleo transportado por mar en el mundo. A ello se suma que más del 80 % del gas natural licuado (GNL) exportado desde el Golfo Pérsico se destina a economías asiáticas altamente dependientes, como Japón, Corea del Sur y Taiwán.
El efecto inmediato ha sido un salto abrupto en los precios del crudo. El Brent pasó de 70 a casi 110 dólares por barril durante el primer mes del conflicto, mientras que el WTI registró incrementos cercanos al 6 % en cuestión de días. Esta volatilidad no solo refleja la pérdida efectiva de oferta, sino también la prima de riesgo asociada a la posibilidad de interrupciones prolongadas.
El impacto se extiende más allá del sector energético: el aumento simultáneo de los costos de energía, fertilizantes, fletes y seguros marítimos eleva el precio de los alimentos y presiona el costo de vida, especialmente en países en desarrollo, que cuentan con un margen fiscal limitado para absorber choques externos. La interrupción del tránsito también afecta a los principales puertos exportadores de Irak, Kuwait, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, lo que obliga a realizar desvíos costosos y reduce la eficiencia logística global.
El cierre del estrecho de Ormuz no puede verse como un evento regional, sino como un punto crítico para la economía mundial y una gran amenaza para la seguridad energética global.
Finalmente, el cierre de Ormuz es un shock sistémico que afecta los precios en general, las cadenas de suministro, la estabilidad fiscal y la seguridad alimentaria. Su resolución determinará si el mundo enfrenta una corrección temporal o una crisis económica más profunda.

