Elba Esther Gordillo: ascenso, caída y regreso de un poder fáctico personal

Elba Esther Gordillo: ascenso, caída y regreso de un poder fáctico personal

La noticia impactó al mundo político mexicano, pero no fue precisamente una sorpresa. De hecho, lo que se vio aquellos días de 2013 era una repetición de una historia clásica de castigo a los líderes sindicales –si bien teñidos de corrupción– cuyo verdadero crimen era haber cambiado de alianza. La traición, en la política mexicana, siempre se paga.

Elba Esther Gordillo. Es uno de los nombres más célebres de la política mexicana, y uno de los personajes más pintorescos. Famosa por jugar entre ser ‘del pueblo’ y al mismo tiempo ‘de la alta elite’, Gordillo logró tejer una de las redes más complejas de alianzas que se han visto en la política mexicana moderna, gracias a un control de hierro sobre la organización más grande y poderosa de América Latina: el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE) de México.

Con más de un millón de agremiados, una enorme capacidad de movilización y millones y millones de pesos en recursos, el SNTE ha sido un aliado clave –o un tremendo dolor de cabeza– para los presidentes del país desde hace décadas.

Y también, una de las fuerzas más contrarreformistas en el mundo de la educación del país, al menos hasta que la llamada ‘Maestra’ cayó de la gracia del presidente en turno, Enrique Peña Nieto, y terminó pasando cinco años en la cárcel por lavado de dinero y delincuencia organizada.

Como diría Marx, la historia se repitió, aunque, distinto a su frase, no fue primero como tragedia y después como comedia, sino como una profunda ironía. Elba llegó al poder exactamente de la misma forma en que lo perdió. Pero, antes de su caída, pasaría 30 años construyendo una enorme red de alianzas políticas que alcanzaron a cinco presidentes de la República e incontables senadores, diputados y secretarios.

‘La Maestra’ llegó al poder gracias a un golpe de fuerza que Carlos Salinas de Gortari, recién jurado como presidente de México, le dio al poderoso sindicato. Esto, al arrestar al longevo dirigente del sindicato, Carlos Jongitud Barrios y entregarle a Elba el control.

Jongitud nunca perdonó a Gordillo: «Yo la hice», dijo años después, ya que fue bajo su alero que ella creció dentro del sindicato. Pero el poder es el poder y Elba llegó a un acuerdo con Salinas. Jongitud pasaría más de ocho años en prisión.

Gordillo fue diputada del PRI e incluso líder de la bancada de su partido. Amasó una enorme fortuna –de la que no tenía ningún empacho en presumir, dando entrevistas en una palaciega casa o mostrando su gusto por marcas caras– a pesar del empobrecimiento de los docentes y, sobre todo, de la calidad de la educación mexicana.

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