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Los hoteles de las zonas turísticas de Europa conocen desde hace tiempo el tremendo problema que supone que muchos de sus clientes pongan las toallas en las tumbonas de las piscinas bloqueando el acceso a otros turistas. Algunos de esos casos han llegado a los tribunales porque el problema puede ser realmente serio.
No obstante, hay hoteles que ya están aplicando soluciones imaginativas. Estos son algunos ejemplos.
En algunos de la costa francesa, dos veces al día suena un claxon y en ese momento, quien no esté en su tumbona el hotel retira lo que haya, generalmente toallas, y las deja en un área de ‘objetos perdidos’.
Hay otros de la Costa Azul en los que, cuando faltan hamacas, se sortean entre los aspirantes a disfrutar de una de ellas.
En Protaras, Chipre, algunos alojamientos reservan las tumbonas de forma muy estricta para todas las vacaciones. En Paphos, otro hotel hace lo mismo y dice que le funciona. En algunos de estos casos, la tumbona es negociada en el momento de llegar al establecimiento. Después no puede haber cambios.
En otro alojamiento de Chipre, las sombrillas están numeradas y se adjudica una por cada dos viajeros para todas las vacaciones. Una familia de cuatro tiene dos sombrillas.
En Ibiza, misteriosamente, en un hotel por las noches las toallas que quedan en las tumbonas acaban en la piscina, por lo que cada mañana todo empieza de cero. Parece un poco violento, pero desde luego el problema queda muy minimizado.
No obstante, la sentencia en contra que ha sufrido hace unos días Tui, por un alojamiento en Grecia, demuestra que todavía la mayoría de los hoteles no ha encontrado su solución más adecuada.

