Haití, el drama humano

Haití, el drama humano

(Parte II)

Por. Liza Collado

Haití tiene una larga historia de pobreza e inestabilidad política, los inicios del siglo XVIIII marcaron su tragedia, pasó de ser el centro del comercio en el caribe a la nación más pobre del hemisferio. Los disturbios acontecidos podrían conducir a la aceleración del déficit presupuestario ya bastante alto para los meses transcurridos del presente año 2018, porque además de las afectaciones materiales, de mobiliarios, y otros bienes y datos, también existen pérdidas fiscales para el Estado, y la disminución directa e indirecta de varios miles de empleos.

Es una situación compleja, durante décadas, la vecina nación se caracterizó por los gobiernos brutales de François «Papa Doc» Duvalier y su hijo, Jean-Claude, apodado «Baby Doc». Un estudio del Departamento de Defensa de Estados Unidos da cuenta que el estancamiento tienes raíces históricas que van más allá de los Duvalier, que gobernaron desde 1957 hasta 1986, en 1990, Jean-Bertrand Aristide se convirtió en el primer presidente elegido democráticamente y solo un año después fue derrocado en un sangriento golpe militar.

En el año 1994, Aristide regresó a Haití, luego de que el régimen militar renunciara ante la presión de EE.UU. En 1996, René Preval sucedió a Aristide en la presidencia, pero este último fue reelegido en noviembre de 2000. Tras continuas crisis políticas y económicas, Aristide fue obligado a retirarse en 2004 cuando la oposición se tornó cada vez más violenta, en esa oportunidad hubo acusaciones de fraude electoral, muertes extrajudiciales, tortura y brutalidad.

Al día de hoy, las recientes mediciones afirman que siete de cada 10 habitantes son pobres,  más del 70% de los haitianos viven con menos de US$2 al día mientras que el 56% lo hace con menos de un dólar. Haití depende de la importación de alimentos, de hecho, la producción propia sirve apenas para abastecer el 46% de las necesidades, recordemos que en 2008 hubo disturbios ocasionados por la escasez y el alza de precios.

El país está en la posición 150 de 177 países según publica el Índice de Desarrollo Humano de la ONU. Tan sólo el 52,9% de la población está alfabetizada y, en general, se espera que un haitiano no viva más de 60 años. Siete de cada 10 habitantes son pobres,  apenas tres de cada 10 personas tienen acceso al sistema de salud y se estima que el 2,2% de la población adulta vive con VIH/sida, esto lo pone entre los 30 países con mayor tasa de prevalencia en el mundo.

Las violentas manifestaciones del 6 y 7 de julio por el aumento del precio del combustible, tendrán consecuencias en la economía haitiana, los actos de saqueo, destrucción y quema de establecimientos comerciales, hoteles, grandes almacenes y  tiendas causaron pérdidas millonarias al país, lo que influirá en la disminución de la tasa de crecimiento y por consiguiente el aumento del desempleo, escasez de ciertos productos en el mercado local y el incremento de la inflación.

Aunque el ahora ex primer ministro de Haití, Jack Guy Lafontant, anunció el pasado sábado su renuncia ante el Congreso, que se disponía a votar su destitución ante las violentas manifestaciones desatadas, esto no soluciona la grave crisis que atraviesa el país. Una economía que se ha degradado durante siglos, la falta de creación de empleos, la desigualdad y la exclusión social en el sistema, no pueden dejar de provocar la ira de las masas.

Haití y su deuda social acumulada  no pueden esperar más, es tiempo de que las grandes potencias extiendan su cooperación sincera y les ayuden a superar este drama humano.

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