Harden revienta a los Warriors con otro partidazo digno de MVP

James Harden es el MVP y quiere ejercer de ello. Lleva más de diez partidos absolutamente a fuego, sosteniendo a un equipo que se encuentra sin Chris Paul ni Eric Gordon, bajas muy sensibles, pero la capacidad de asombro de todos los que vemos la NBA es de largo alcance cuando nos topamos con jugadores tan especiales como ‘The Beard’. Este partido ante los Warriors es un buen ejemplo.

Golden State iba por delante y Houston supo pelearlo hasta el final. Algo así pasó en la final de la Conferencia Oeste de la temporada pasada, aunque ahí el triunfo sí fue para los que luego fueron campeones. Hoy no. Esto, por cómo se ha dado y por cómo Harden ha alzado la voz, es una pequeña venganza.

Luis Alberto Tejeda

Empezaron dominando los Warriors. En un abrir y cerrar de ojos la diferencia subía hasta la decena. Sabían hacerle daño a los texanos con penetraciones mortíferas y pases en zonas interiores que desequilibraban la defensa. Durant lo sentía, Curry lo sentía… y Thompson apoyaba bien, lo que se espera de él y no está mostrando todavía esta temporada en su máxima expresión. Parecía que todo iba rodado para ellos. Al descanso, 70-53.

Había habido alguna acción de Capela reseñable en esos primeros compases, pero poco más. Y si faltaban Paul y Gordon alguien tenía que ayudar a Harden por fuera, explotando la circulación de balón que tanto gusta a este conjunto. Fue Austin Rivers, el último en llegar, el que más lo hizo en los minutos decisivos. También es reseñable la actuación de Danuel House, aunque mucho más en labor de especialista, y Gerald Green, que siempre te puede sacar de un apuro. Pero Rivers, por la crítica (como el grito que le pegó Green al ponerle un tapón en los últimos minutos), debe tener su parcela de grandeza hoy.

El empeño de James Harden fue más fuerte que todo. Por eso es loable la labor de sus compañeros, porque decir sin antes mencionarles que ganó el partido él solo hubiera quedado un pelín mal. Pero es que todo lo que absorbió lo dio. Su triple-doble no es casualidad (44+10+15), sí hizo jugar a pesar de que todo lo filtrara él. Y luego, los triples: con un step-back culminó la remontada. Perdían de 17 a la mitad y de 6 a falta de un minuto. No le entró el triple para ganar desde el flanco derecho a más de ocho metros del aro, pero tenía otro as en la manga.

Se llegó a la prórroga. Los Rockets ya sabían lo que era ganar este año a los Warriors, lo lograron hace un mes y medio, pero esto era otro cantar. Curry acertaba de tres y de dos, Thompson ponía una bandeja dentro que dificultaba las cosas y Durant salvaba ilegalmente un balón para dar la ventaja a los suyos de cara a la última jugada, pero no eran Harden. El ’13’ enfiló el mismo carril que en la oportunidad anterior, la del tiempo reglamentario, lanzó con la defensa férrea de dos oponentes -uno era Green, al que luego dedicó unas palabras- y anotó desde su casa. Era el grito de un MVP.

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