Interpretando la rendición de cuentas

Interpretando la rendición de cuentas

Por Daris Javier Cuevas

Desde marzo del 2020 hasta la actualidad, la República Dominicana, y el mundo, vive un periodo de cataclismo económico sin precedentes y de alto riesgo para reencausar la economía por senderos de recuperación, crecimiento y estabilidad macroeconómica. La admisión de tal realidad fue expresada por el presidente Luis Abinader en su primera cuando exclamó “¡Qué meses han sido estos!”, pero confunde cuando señala que “la República Dominicana ya no es la misma”.

Es muy cierto que “desde el momento mismo de la fundación de nuestra República, este acto de rendición de cuentas representa uno de los más sagrados deberes de los servidores públicos para con los ciudadanos”. Pero también es muy cierto que “rendir cuentas ante los representantes del pueblo soberano”, es propio de la democracia moderna a escala global, consagrado en el texto constitucional.

A la Luz de la razón, la literatura económica establece de manera puntual que en economía es complicado encontrar certezas claras, en el entendido de que las diferentes variables económicas están condicionadas en su evolución por múltiples fenómenos y hechos, razón por la cual es riesgoso sostener que un acontecimiento determinado provocará un resultado concreto. Tal observación tiene validez para la rendición de cuentas ya que el presidente Abinader fue excesivamente concluyente al afirmar que “el gobierno que yo presido, a través de todas las políticas y acciones que ya hemos puesto en marcha y que hoy aquí les he detallado, tiene el firme objetivo de acabar con la pobreza en nuestro país”.

Es una gran verdad que la lucha contra la pobreza son grandes desafíos más allá de atribuirla a una generación ya que este flagelo de características socio económico es un problema muy complejo y multidimensional cuyas génesis están en el carácter de inequidad estructurar de la distribución de la riqueza, tanto local como internacional. La lucha contra el fenómeno de la pobreza es una responsabilidad frecuente en todos los países, por lo que resulta fundamental describirlos programas para enfrentar este malestar y en la rendición de cuentas no se presentó nada en esa dirección.

Resulta extraordinariamente sorprendente que en la rendición de cuentas se pretenda confundir de manera intencional los programas asistencialistas con una política de lucha contra la pobreza, pues una gran parte de esos programas surgieron en medio de la pandemia y otros se implementaron desde hace más de una década para atenuar la situación de calamidades por la que han venido atravesando muchos dominicanos. La estrategia de cambiar los nombres a los programas de existencialismo está rodeada de esa intención, la cual por su propia naturaleza y sostenibilidad no garantizan las pretensiones de aprobación a las que se apela.

Pero resulta que el presidente Abinader está convencido de que sus acciones están desarticulando de manera firme y sostenida el malestar social y económico predominante y lo sostiene cuando afirma que “gracias a las medidas implementadas y a la gradual recuperación de la economía en los últimos meses, hoy más de 460 mil dominicanos han podido volver a sus puestos de trabajo”. Sin embargo, hay que enfatizar que en cualquier país del mundo, los niveles de desempleo están vinculado al ciclo económico, en especifico a las recesiones, tal como está ocurriendo.

Tres elementos brillaron por su ausencia en la rendición de cuentas como fueron la situación de la deuda pública, la perspectiva real del crecimiento del PIB y la incidencia de la pandemia en los niveles de pobreza e indigencia, pues tratarlos permitiría una idea más concreta de lo ocurrido y la viabilidad de las medidas que se adoptan.

Al respecto, es una responsabilidad del gobierno evitar que estas tres variables profundicen su deterioro ya que no basta con haber citado la valoración de Fitch Rating sin detallar los hallazgos.

A pesar de que el discurso de rendición de cuentas fue articulado para presentar un panorama esperanzador para el país y anuncios plausibles de grandes obras de infraestructuras, la interrogante obligada es cuales serán las fuentes para sustentar las mismas.

Por todo lo prometido, llama la atención si el interés por una reforma fiscal tiene el propósito de tener másrecursos para ejecutar esas obras acompañadas de nuevas emisiones de bonos soberanos ya que una reforma fiscal en medio de una crisis de la magnitud de la actual, tiene sentido si la misma tendríaorientación progresiva, esto es, colocar más impuestos a las grandes fortunas, y no colocar más impuestos a los que menos tienen.

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