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La cruzada del régimen de Daniel Ortega para reescribir la historia y hacer olvidar la masacre de 2018 en Nicaragua
Desde hace siete años, abril se ha convertido en un escenario de confrontación política en Nicaragua. La oposición se esfuerza por mantener viva la memoria de la masiva rebelión ciudadana y las violentas represiones que sufrió en 2018, mientras que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo implementa una maquinaria propagandística destinada a modificar los hechos y eliminar toda huella de lo que sucedió en el país.
“El propósito del régimen es reemplazar el recuerdo de las masacres, los prisioneros políticos y el exilio forzado con una narrativa oficial de triunfo sobre la paz, donde los agresores son presentados como víctimas”, señala un opositor que prefiere no ser identificado.
El 18 de abril de 2018 marcó el inicio de la rebelión popular, cuando una protesta estudiantil contra las reformas a la seguridad social fue duramente reprimida por la Policía Nacional. Las impactantes imágenes de jóvenes como Alvarito Conrado, de solo 15 años, asesinados, dieron la vuelta al mundo. Las manifestaciones se extendieron por todo el país, donde la población, a través de numerosas marchas, exigía la renuncia del régimen, libertad y justicia.
La respuesta gubernamental fue brutal: el uso de francotiradores, grupos paramilitares encapuchados y una represión indiscriminada. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), al menos 355 personas perdieron la vida entre abril y julio de 2018, más de 2. 000 sufrieron heridas, y miles fueron encarceladas o forzadas al exilio.
En abril de 2018, los nicaragüenses se movilizaron en masa para exigir el fin del régimen de Daniel Ortega y justicia por los jóvenes que fueron asesinados durante la represión (Foto cortesía). Tres años más tarde, en un primer intento formal por redefinir el mes de abril, el régimen nicaragüense instauró el 19 de abril como el Día Nacional del Deportista, en homenaje al boxeador Alexis Argüello, quien fue exalcalde sandinista y falleció en circunstancias nunca aclaradas.
Esta medida fue acompañada por la creación de la “Premiación Nacional de Cultura Física”, organizada por el Instituto Nicaragüense de Deportes (IND) y la Coordinadora Nacional de Federaciones Deportivas (CONFEDE), con la clara intención de eclipsar cualquier conmemoración independiente de la Rebelión de Abril.
En ese mismo mes, el Monitoreo Azul y Blanco documentó más de 382 incidentes represivos en el país, incluyendo detenciones arbitrarias y campañas de incitación al odio.
“La estrategia de Rosario Murillo y Daniel Ortega no se limita a reinterpretar los hechos: busca reescribir la historia con tinta oficialista. Mediante decretos, propaganda y represión, intentan borrar la memoria colectiva de un pueblo que se ha declarado en contra”, expresa la fuente.
En abril de 2022, la narrativa oficial se volvió más severa. Rosario Murillo, vicepresidenta y portavoz del régimen, declaró el 18 y 19 de abril como “el aniversario de las victorias de la paz”.
El 16 de abril de 2023, la Asamblea Nacional, controlada en su totalidad por el FSLN, se reunió en domingo para aprobar una ley de carácter urgente que cambió la denominación del 19 de abril al Día Nacional de la Paz. Esta ley, compuesta por solo tres artículos, ordenaba a todas las instituciones promover actividades para “celebrar la alegría de vivir en paz”.
Para el año posterior, un solo día no fue suficiente. En 2024, el régimen adoptó la Ley 1197, que establece que todo abril se considerará el “Mes de la Paz”. Esta legislación obliga a las instituciones estatales, a los centros educativos y a los medios de comunicación oficialistas a realizar celebraciones durante todo el mes.
El régimen de Daniel Ortega estableció un cuerpo paramilitar para hacer frente a la revuelta de abril de 2018. La narrativa del gobierno se centra en presentarse como víctima de un supuesto intento de golpe de Estado. Rosario Murillo, en su intervención televisiva del 18 de abril de 2024, afirmó: “Presenciamos la violación flagrante de todos nuestros derechos a manos de torturadores bárbaros (…) de manipulaciones, de rebelión”.

