La economía ficción

Daris Javier Cuevas

Como se sabe, hablar de ficción es trasladarse a la construcción de un mundo imaginario, lleno de simulaciones y narrativas que procura fundamentalmente sustituir la realidad en sus características y funcionalidad.

Es por ello que el término ficción más bien es una expresión de algo inventado que está íntimamente vinculado a lo que es fingir y que es de uso común en el mundo de las artes, crónicas y reportajes para dar vida a lo que se pretende dejar en la psiquis del individuo.

Aunque la ficción históricamente ha ganado terreno en las artes, la literatura, la cinematografía y el imaginario popular con cierto grado de éxito, fruto de que se hacen grandes esfuerzos de que el mundo posible sea igualado al funcionamiento del mundo real y sus leyes funcionales.

En adicción, la exageración y la magia de hacer posibles cosas que parecen imposibles y así construir un mundo fantástico que actúa de manera autónoma, tal como se concibe.

Desde el poder muchos gobernantes, ministros y burócratas caen en el círculo vicioso de la trampa de ofertar el paraíso futuro lleno de bondades, posibles proyectos transformadores para el bienestar, subsidios ilimitados para mitigar el flagelo desgarrador de la pobreza. Son cosas que aparentan ser hermosas y que dibujan una economía real llena de abundancias ilimitadas, lo cual es un reflejo de unos criterios imaginativos sin fronteras capaces de embelesarnos, cuan serpientes encantadoras.

Las pretensiones o idea original de la ficción del bienestar es que estamos mal por culpa del otro, por acontecimientos no previstos o sorprendentes, pues “lo bueno está por venir” y “eso será histórico. Es como si se tratara de vivir en un mundo donde los recursos financieros del Estado son ilimitados y brotaran de una magia milagrosa, la cual va a remediar todo el malestar presente y futuro generado en la economía.

Quienes apelan al recurso de la ficción pasan por alto que el Estado opera con limitaciones bien definidas para promover bondades colectivas y que debe montarse sobre la base de unas estructuras económicas y sociales elásticas o flexibles con un alto grado de realismo inconcebible para el dramatismo.

Se trata de que una economía no puede conducirse al margen de los instrumentos de política económica, pero tampoco vegetando en la ficción y en el prejuicio de que en medio de una crisis se canta victoria de que se ha salido del lastre del malestar que la causó.

La ficción ha invadido el campo de análisis de los hechos económicos e incurre en la manipulación de las cifras del comportamiento de la economía de una forma deliberada y simplista, de los cuales se pueden presentar numerosos ejemplos.

En efecto, en medio del trastorno y perturbaciones ocasionadas por la pandemia global, lo más lógico es pasar a una fase de recuperación gradual de la economía y luego migrar a una fase de estabilidad, no obstante, lo que se observa en algunos países, incluyendo República Dominicana, es que se promueve la idea de que todo se borró y todos estamos bien, que se ha logrado la bondad de una manera misteriosa y repentina, lo cual solo ocurre en ese mundo de la ficción.

Así como lo ve, muchos gobernantes y burócratas han querido imponer sin reparo alguno, la existencia de la economía ficción si partimos del esfuerzo de romper con la racionalidad de la existencia de que los hechos económicos están mostrando realidades muy diferentes a las que intentan presentar, según su voluntad.

Sin embargo, dado que el balance de la realidad difiere de manera abismal de la ficción económica, como van las cosas, la credibilidad de las cifras oficiales se destruirá de manera troncal.

Navegar en una economía ficción se corre el riesgo de que muchos gobernantes crean que pueden manejar la economía sin ponderar las inherentes restricciones económicas, razón por la cual este tipo de actuaciones son las causales reales de colapsos económicos, financieros y sociales cuyas consecuencias son catastróficas.

Por ello, gobernantes que actúan convencidos de que representan al Dios de la riqueza abundantemente ciega y que la virulencia de la crisis económica global fue superada, que el fenómeno de la inflación se debe a una situación importada, pero continúan tomando medidas internas para contrarrestar una situación externa, caen en la ficción de la economía.

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