La religión y la economía en tiempos de crisis

La religión y la economía en tiempos de crisis

Daris Javier Cuevas

A propósito de la semana santa y la grave la situación en que el mundo se encuentra, fruto de que este continua inmerso en una peligrosa crisis económica, lo cual ha colocado a todos los países en un escenario de inseguridad y riesgos. Por tales razones muchos economistas y estudiosos del pensamiento economico y la doctrina religiosa han identificado la existencia de un estrecho vínculo entre religión y economía, tipificándose los conceptos de economía de la salvación y de la economía como salvación.

Una ojeada detenida a la historia de la iglesia católica sobre la economía permite observar que esta tiene como punto de partida a las primeras comunidades cristianas en Jerusalén y Roma que practicaron el principio de la solidaridad, expresado mediante el compartir los bienes de una manera colectiva. En adicion, quienes ingresaban por primera vez como miembros de la comunidad cristiana se desprendían de sus bienes materiales para que sean disfrutado por toda la comunidad, lo que en los hechos evidenciaba una similitud entre los objetivos de la economía y la predica religiosa.

También cuando se estudia el pensamiento economico y se relaciona con el pensamiento social de la iglesia, se extrae que los teólogos predicaban el criterio de que los ricos debían manifestar generosidad hacia los pobres, y estos debían cultivar la virtud del trabajo. El punto de encuentro entre el pensamiento economico y el pensamiento social de la iglesia lograba su fraternidad cuando ambos sustentaron que la justicia debe ser promovida por las autoridades a través de la legislación social, ya que la Ley humana tiene razón de ley siempre y cuando se ajusta a la recta razón, tal como lo sostuvo Santo Tomas de Aquino.

En esa dirección fue que se pronunciaba el padre de la economía moderna, Adam Smith, cuando publicó su libro sobre la teoría de los sentimientos morales y en el que exige la autonomía de las leyes económicas y de comercio, asegurando que el desarrollo de estas no excederías los límites de la moralidad. Es claro que la iglesia nunca ha compartido la concepción neoliberal de la economía, sin embargo, eso no ha representado una limitante para que la misma se haya manifestado con  frecuencia a los temas del ámbito economico, ya que estos constituyen una plataforma relevante de la doctrina social de la iglesia, en particular, lo relativo al flagelo de la pobreza, la desigualdad y el riesgo global de la ecología, temas que permiten establecer la relación entre la religión y la economía de manera inevitable.

A la Luz de la razón, resulta inocultable que se asiste a tiempos de penumbras e incertidumbre global sobre el futuro, generándose una crisis de confianza sin precedentes, lo que requiere una gran dosis de fe en el devenir del funcionamiento de la economía a escala global para generar la credibilidad suficiente. Hoy más que nunca se impone la práctica de una ética de la justicia social para impulsar la mitigación de la enfermedad de la pandemia, la inequidad en la distribución de la riqueza y la pobreza extrema, lo que obliga una actuación conjunta de la iglesia y la economía para lograrlo.

Desde un ángulo racional de la economía, el dominio de los aspectos técnicos de la economía resulta insuficiente para el buen funcionamiento de la sociedad, ya que sería una visión limitada y poco humanista que desconoce la dignidad individual de los seres humanos. Pues se requiere promover la construcción de valores sociales y morales que conduzcan a las personas a vivir y actuar como agentes económicos en función de las dinámicas del sistema socioeconómico predominante, criterios estos que resultan amigable con el pensamiento social de la iglesia.

La gran tarea, el gran objetivo a escala planetaria de la Iglesia y del mundo económico y político es afrontar y resolver el dramático problema de la pandemia, las desigualdades e injusticias a escala global que se han derivado de la crisis por la que atraviesa el mundo y la humanidad. Es obvio, que la Iglesia no propone sistemas o programas económicos y políticos, ni manifiesta preferencias por unos u otros, con tal de que la dignidad del hombre sea debidamente respetada y promovida, pero más allá de ciertas consideraciones absolutamente económicas, la iglesia puede jugar un rol determinante en lo ético y religioso acorde con la práctica económica, implicando esto que no deben, coexistir una de espaldas a la otra.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *