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Latinoamérica bajo el «arancelómetro» de Trump: ganadores y perdedores
Los nuevos impuestos presentan tanto desafíos como oportunidades para una región que parece estar mejor posicionada que otras.
Los aranceles generalizados anunciados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han tenido un impacto variado en los distintos bloques comerciales. Mientras algunos países se han visto severamente afectados, en Latinoamérica esta agresiva política ha sido recibida con relativa tranquilidad.
En la región, los únicos bienes que están exentos de estos impuestos son el cobre, productos farmacéuticos, semiconductores, madera, oro, energía y ciertos minerales.
La mayoría de los países del continente enfrentarán un arancel del 10 %, que es el mínimo establecido, a excepción de Venezuela (15 %) y Nicaragua (18 %).
México a salvo
México es probablemente el país latinoamericano menos impactado por la guerra comercial, ya que solo enfrenta aranceles del 25 % en productos que no forman parte del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, incluidos el acero, el aluminio y los automóviles.

El caso de México es particularmente significativo, ya que cuenta con un as bajo la manga para negociar con su vecino del norte: la lucha contra el tráfico de drogas, especialmente el fentanilo, así como el control de la migración irregular.
Ambos temas son prioridades para Donald Trump.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha mantenido la calma desde que se hizo pública la amenaza y ha abogado por un diálogo bilateral.
Su estrategia se basa en evitar la confrontación y centrarse en demostrar los resultados de sus políticas en la frontera.
Hasta el momento, este enfoque parece haber rendido frutos.
Por otro lado, Brasil está preparado para tomar medidas en represalia.
A pesar del considerable superávit comercial que tiene con Estados Unidos, Brasil solo ha recibido el arancel mínimo del 10%.
Sus principales exportaciones hacia el país norteamericano incluyen petróleo crudo y refinado, hierro semiacabado, soja, mineral de hierro, azúcar y maíz.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, declaró la semana pasada que su gobierno enfrentará «cualquier intento de imponer un proteccionismo» y que tomará «todas las medidas necesarias» ante los aranceles de Trump.

En este contexto, la semana pasada, el Congreso de Brasil dio su visto bueno a una ley que permite adoptar medidas de represalia contra aquellos países que impongan restricciones a sus exportaciones.
Con respecto a Colombia y Argentina, al igual que muchos otros países de América Latina, Colombia ha sufrido el impacto del mínimo del 10 %. Sus principales exportaciones a Estados Unidos incluyen café, flores, alimentos procesados, productos químicos y manufacturas.
El presidente colombiano, Gustavo Petro, quien recientemente ha tenido enfrentamientos ásperos con su par estadounidense, comenzó a ver con buenos ojos los nuevos aranceles.
«Latinoamérica, y especialmente Colombia, se beneficiarán en primera instancia de la política de aranceles de Trump», afirmó en un mensaje en X.

Petro aseguró que las importaciones estadounidenses solo aumentarán de precio si «se eliminan empleos» en Colombia.
«No obstante, no incrementaremos los aranceles si sus productos contribuyen a generar empleos de mayor valor», añadió.
Por su parte, la respuesta del gobierno argentino fue positiva.
Su presidente, Javier Milei, publicó en X un enlace a una canción de Queen apenas se enteró de la noticia, lo cual se interpretó como una celebración del ‘garrote arancelario’ de Trump.
El mandatario libertario destaca su estrecha relación con el presidente republicano.
Sin embargo, los mercados argentinos empañaron el festejo al reportar numerosas pérdidas.
En el caso de Argentina, sus principales exportaciones a EE. UU. incluyen combustibles, aceites minerales, aluminio y bebidas alcohólicas.

Lo interesante es que estos dos países ejemplifican a la perfección un principio: las acciones de Trump no están determinadas por afinidades ideológicas.
A pesar de la buena relación que Milei presumía tener con Estados Unidos, los aranceles impuestos han sido los mismos que se aplicaron a Colombia y a otros países de la región.
En cuanto a los sectores afectados, es importante destacar que Estados Unidos es el segundo destino de las exportaciones peruanas.
Esto significa que áreas como la agroindustria, la minería no metálica y la confección de prendas de vestir se verán impactadas, a pesar del acuerdo de libre comercio vigente entre Lima y Washington.
Por el momento, Perú opta por la negociación como estrategia para mitigar los efectos de los nuevos aranceles.
En Chile, los sectores más perjudicados serán la agricultura y la pesca.
«Es fundamental proteger la relación comercial que tenemos con Estados Unidos.
Contamos con argumentos sólidos para solicitar una revisión de este arancel del 10%», comentó ayer Susana Jiménez, presidenta de la Confederación de la Producción y del Comercio del país.
Afortunadamente para la economía chilena, el cobre y la madera, dos de los productos más relevantes del país, se encuentran entre los insumos exentos de aranceles.
En el caso de Ecuador, el impacto más severo se siente en el sector agrícola y pesquero, con productos como el camarón y el cacao siendo los más perjudicados.
No obstante, parece que la mayor carga recaerá en los países de Centroamérica.
Las economías centramericanas dependen en gran medida de sus exportaciones hacia el mercado estadounidense.
Esto es especialmente notorio en Honduras, República Dominicana, Panamá y El Salvador.
Este último es un claro ejemplo de que la lealtad hacia EE. UU. no garantiza la exención de aranceles.
Revirtiendo el déficit
Al cierre de 2024, EE. UU. reportó un déficit comercial de 1,2 billones de dólares, según los datos de la Comisión Internacional del Comercio.
Según Trump, los aranceles tienen como objetivo cambiar esta situación y lograr un equilibrio en su balanza comercial a nivel mundial.
La competencia más intensa se da con China, que representa un saldo negativo de 295.
402 millones de dólares, constituyendo un cuarto del total.
Sin embargo, con gran parte de las economías de la región, EE. UU. tiene un saldo positivo.
Por ejemplo, Brasil compra a EE. UU. 7. 650 millones de dólares más de lo que vende, Paraguay 2. 802 millones, Argentina 2. 078 millones, República Dominicana 5. 576 millones y Guatemala 4. 694 millones.
Estos datos parecen contradecir la justificación que presentó Trump al establecer los aranceles generalizados.
Una región con posibilidades
América Latina se posiciona como una de las regiones menos afectadas por las barreras impositivas impuestas por Trump la semana pasada.
Su situación dista mucho de la que enfrenta la Unión Europea, con un 20 %, o varios países asiáticos, donde los aranceles superan el 30 %.
La región en su conjunto podría encontrar una oportunidad favorable al enfrentarse a una situación en la que cuenta con menos impedimentos impositivos en comparación con sus competidores directos para ingresar al mercado estadounidense.
Además, es posible que se implementen estrategias de triangulación, donde países asiáticos decidan reexportar sus productos hacia EE. UU. a través de naciones latinoamericanas, con el fin de sortear aranceles más altos.
De hecho, mientras los principales mercados bursátiles del mundo experimentaron una caída el jueves tras el anuncio, América Latina reaccionó de manera más cauta en general.
Una región con retos
A pesar de las oportunidades que se presentan, la región no será ajena a las repercusiones que el regreso del proteccionismo en EE. UU. tendrá sobre el resto del mundo, incluida una posible recesión de la economía estadounidense.
Adicionalmente, también se especula que el crecimiento global podría desacelerarse, lo que impactaría las tasas de crecimiento de las economías latinoamericanas.
Esta situación podría contribuir a un repunte inflacionario y a un mantenimiento de tasas de interés elevadas durante un período más prolongado.
La mayor inquietud radica en que, al cruzar la frontera, los productos latinoamericanos se encarezcan y pierdan competitividad frente a los productores estadounidenses.
Esto podría resultar en una drástica disminución de la inversión y del empleo para los exportadores de la región.

