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Los elevados aranceles que senadores estadounidenses imponen como amenaza a los socios comerciales de Rusia
Un grupo de senadores de EE. UU. presentó este martes un proyecto de ley que establecería sanciones primarias y secundarias contra Rusia y sus aliados comerciales, en caso de que Moscú rechace las propuestas de la Administración de Donald Trump para lograr un alto al fuego en el conflicto ucraniano, según informa The Hill.
La iniciativa, impulsada por el senador republicano Lindsey Graham y el demócrata Richard Blumenthal, cuenta con el respaldo de 50 senadores.
Además de sancionar a Rusia, se plantea un arancel del 500 % sobre los productos importados de países que adquieran petróleo, gas, uranio y otros productos rusos.
«Estas sanciones contra Rusia están listas y recibirán un apoyo abrumador, tanto del lado republicano como demócrata, en cuanto se presenten para votación en el Senado y la Cámara de Representantes», afirmaron los legisladores al anunciar el proyecto.
¿Estamos ante la posibilidad de nuevas sanciones?
A principios de marzo, el secretario del Tesoro de EE. UU. , Scott Bessent, declaró que Washington no vacilará en «darlo todo» con las sanciones al sector energético de Rusia si ello contribuye a alcanzar un alto el fuego.
«Esta administración ha mantenido sanciones reforzadas y no dudará en ‘darlo todo’ si eso puede servir como palanca en las negociaciones de paz», afirmó el alto funcionario.
Sin embargo, el expresidente Donald Trump expresó el pasado domingo su desacuerdo con la imposición de aranceles secundarios a Rusia.
«No me gustaría aplicarles aranceles secundarios, pero si se llegaran a imponer, no les beneficiaría en absoluto», señaló en una conferencia de prensa desde el avión Air Force One.
Por otro lado, el mandatario hizo hincapié en que está revisando las demandas del Gobierno ruso relacionadas con la posible eliminación de sanciones económicas, las cuales condicionan un alto el fuego en el Mar Negro y el restablecimiento de una navegación segura.
Las sanciones impuestas a Rusia desde el inicio del conflicto en Ucrania en 2022 han estado dirigidas principalmente a limitar los ingresos de su industria petrolera y gasífera.
Los gobiernos occidentales, liderados por Washington, establecieron un precio tope de 60 dólares por barril para las exportaciones de petróleo ruso.
Desde el Kremlin, se ha reiterado en varias ocasiones que Moscú nunca ha rechazado la posibilidad de diálogo sobre Ucrania.
A su vez, han manifestado que Rusia «está dispuesta a cooperar económicamente» con Washington y consideran que esta colaboración es fundamental para construir una economía global más resistente.

