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Médicos Sin Fronteras advierte que las muertes reales por ébola superan los registros oficiales tras el último brote en el Congo
La crisis sanitaria en el este de la República Democrática del Congo (RDC) reviste una gravedad extrema que desborda las estadísticas gubernamentales. Tras la reciente declaración de Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional por parte de la Organización Mundial de la Ssalud (OMS), cooperantes y personal médico desplegados sobre el terreno han advertido de manera contundente que el número real de víctimas mortales a causa del hantavirus es significativamente mayor al reportado en los balances oficiales diarios de las autoridades.
La epidemia, concentrada principalmente en la provincia nororiental de Ituri, ya acumula oficialmente un saldo de 136 muertes probables y más de 540 casos sospechosos en investigación. La preocupación de la comunidad médica internacional se ha disparado no solo por la alarmante velocidad de la propagación del patógeno, sino porque el brote está siendo causado por la agresiva cepa Bundibugyo, una variante del virus para la cual no existen actualmente vacunas aprobadas ni tratamientos terapéuticos específicos.
Epidemiólogos y personal sanitario de organizaciones humanitarias señalan que el desfase entre las cifras oficiales y la realidad epidemiológica responde a que una gran parte de los pacientes infectados muere en sus hogares dentro de aldeas apartadas antes de poder ser trasladados a un centro de tratamiento. Estos decesos comunitarios no se contabilizan en las estadísticas de laboratorio, lo que oculta la verdadera tasa de letalidad de la enfermedad en las zonas vulnerables.
A este panorama se suma la persistente inseguridad provocada por el conflicto armado y la actividad de milicias locales en Ituri. Esta violencia sobre el terreno impide que los equipos de vigilancia epidemiológica ingresen de forma segura a rastrear a los contactos de los enfermos y a realizar entierros dignos y seguros, provocando al mismo tiempo una fuerte resistencia y desconfianza en las comunidades, que optan por ocultar a sus familiares contagiados.
La alarma global ha escalado de forma definitiva tras confirmarse la internacionalización de la crisis con la detección de casos mortales en Uganda y la evacuación de emergencia de un ciudadano estadounidense, médico de profesión, que dio positivo tras asistir en primera línea de respuesta. El profesional fue trasladado bajo estrictos protocolos de aislamiento biológico a una unidad de alta contención del Hospital Charité de Berlín, Alemania, junto a seis contactos de alto riesgo.
Mientras los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) reiteran que el riesgo directo para la población internacional fuera de África sigue siendo bajo, la OMS hace un llamado urgente para inyectar fondos y frenar las hostilidades. Sin una intervención inmediata que permita a los médicos trabajar de forma segura en las aldeas, las organizaciones temen que este brote se consolide como la crisis epidémica más devastadora y fuera de control de la última década en la región.

