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No a la censura disfrazada: Cavada huyó de la mordaza cubana, pero quiere imponerla en RD
Por Ariel Lara
Como comunicador, analista y ciudadano responsable, condeno sin matices la difamación y el irrespeto dirigidos hacia la ministra de Interior y Policía, Faride Raful. La desinformación y la violencia verbal no son herramientas válidas en una democracia.
Sin embargo, eso no justifica que ahora pretendan imponer un régimen de control comunicacional que se parezca —irónicamente— al mismo sistema del que huyeron quienes hoy lo proponen.
Roberto Cavada, que vivió bajo la dictadura cubana, donde opinar distinto puede costar la libertad o la vida, ahora plantea regular la libertad de expresión en República Dominicana. ¿Es en serio?
Aprovechando un caso aislado y condenable, como el de una comunicadora contra la ministra Raful, Cavada quiere que el Estado legisle sobre lo que todos podemos o no decir. Y peor aún: quiere que el Indotel, una institución técnica de telecomunicaciones, actúe como censor digital.
Aclaremos: el Indotel no tiene competencia sobre libertad de expresión. No regula contenido. No es un tribunal moral. Y no debe ser usado como garrote contra los comunicadores alternativos.
Además, Cavada incurre en un elitismo peligroso al decir que “no todos los que hablan son periodistas porque no estudiaron”. Pero la verdad no necesita credenciales. La libertad no es un título. Y si alguien duda de eso, que mire el caso de Edward Snowden: no fue periodista, pero reveló uno de los escándalos más grandes del siglo XXI.
La intención real detrás de este discurso es clara: temor al nuevo poder de las voces digitales. Antes, todo pasaba por los grandes medios. Hoy no. Hoy YouTube, X (antes Twitter), TikTok y otras plataformas han democratizado la palabra. Y eso molesta.
Pero no vamos a permitir que conviertan el legítimo derecho a disentir en un delito. No vamos a permitir que usen un incidente para castigar a todos. Y no aceptamos que nos impongan una ley mordaza encubierta con discursos sobre “ética” y “dignidad”.
Cavada debería ser el primero en defender la libertad que en Cuba le fue negada, no en atacar la que aquí le ha permitido crecer.
Como dominicanos, tenemos la responsabilidad de proteger la libertad de expresión con altura, con responsabilidad, pero con firmeza.
No a la censura. No al miedo. No al monopolio informativo.
Sí al pensamiento libre, a la pluralidad y a la verdad sin etiquetas.

