¿Ocaso o renovación? La encrucijada que enfrenta Mercosur de cara a su supervivencia como bloque

¿Ocaso o renovación? La encrucijada que enfrenta Mercosur de cara a su supervivencia como bloque

Como proceso de integración regional, en plena globalización, el Mercosur fue modélico para el resto de América Latina y el mundo.
Sin embargo, ya no parece ser tan así, aunque también hay signos que podrían motivar una lectura optimista.

La cumbre del Mercado Común del Sur (Mercosur), la número 60 y la primera presencial luego de la pandemia, celebrada este jueves en Paraguay, se efectuó con visibles tensiones que culminaron con la inasistencia del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, y con la negativa del presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, de rubricar la declaración conjunta.

Uruguay trató de justificar el Tratado de Libre Comercio (TLC) que comenzará a negociar con China, según se conoció días antes de esta cumbre, lo que es mal visto por sus socios que quisieran una negociación que incluya a todo el grupo.

Por ello, Lacalle Pou demandó flexibilización en torno a acuerdos bilaterales de cada país miembro, lo que en cierta forma significa una modificación del esquema inicial del Mercosur.

«Uruguay no se va a amputar», destacó el mandatario, cuyo país ostenta desde ahora la presidencia pro tempore.

El presidente argentino, Alberto Fernández, fue incisivo en la necesidad de buscar un acuerdo con China que no se negocie por separado, tal como lo exigen los estatutos del mecanismo de integración: «Que no nos ilusione la idea de separarnos, que no nos ilusione la idea de buscar soluciones individuales (…) de salir con un proyecto propio».

También se notó la falta de interés de países como Chile y Bolivia, que están en espera de ser miembros plenos –por ahora son Estados asociados–, cuyos presidentes tampoco asistieron al encuentro, aunque sí enviaron a los cancilleres.

Uno de los desafíos hoy, donde casi todos los países del Mercosur tienen enormes oportunidades, es la diversificación de mercados y financiamientos que se producen a raíz del decaimiento de la unipolaridad y la emergencia de nuevas potencias comerciales.

Como proceso de integración regional, en plena globalizaciónel Mercosur fue modélico para el resto de América Latina y el mundo.

Sin embargo, ya no parece ser tan así, aunque también hay signos que podrían motivar una lectura optimista.

El reciente tratado comercial firmado por el bloque con Singapur supone una puerta de entrada concreta en el mercado asiático.

Los acuerdos arancelarios logrados en la cita también pueden aumentar fluidez en el comercio entre los países miembros.

Una vuelta de la izquierda en Brasil podría implicar un reavivamiento del grupo como instancia también geopolítica.

De esta manera, cabe preguntarse por qué ha sucedido este declive, o si más bien se trata de un fricción pasajera, y qué desafíos enfrentará Mercosur en la difícil coyuntura mundial.

Mercosur y la globalización

Comenzaban los años noventa y la globalización dominaba las mentes y los corazones del mundo.

La Unión Soviética dejaba de existir y EE.UU. parecía dominar sin ambages la geopolítica y las relaciones comerciales.

La idea de la integración regional producía una respuesta a esa nueva condición.

Se anunciaba la conformación de la Unión Europea. Regiones y subregiones reformularon sus relaciones vecinales para confrontar la unipolaridad y la liberalización sin límites que se venía encima.

Así se creó, en 1991, en el lado ‘más europeo’ de Latinoamérica, el Mercosur.

De aquella experiencia que articulaba, y aún lo hace, la economía del gigante latinoamericano, Brasil, con la importante economía argentina, además de la paraguaya y uruguaya, ya no queda el mismo impulso ni están presentes las mismas expectativas.

Ese bajón se sintió como nunca antes en la cumbre presidencial del jueves. Y es lógico que así sea.

Las profundas modificaciones que están ocurriendo en la estructura comercial y geopolítica obligan a todos los países a tomar previsiones y establecer estrategias que produzcan nuevas oportunidades y formas de protegerse.

¿Hacia un nuevo estatuto?

Las condiciones han cambiado de manera intempestiva a comienzos de esta década y treinta años después de la fundación del Mercosur, que ahora está obligado, dada la situación, a posicionarse ante los nuevos desafíos.

Uno de ellos, donde casi todos tienen enormes oportunidades, es la diversificación de mercados y financiamientos que se producen a raíz del decaimiento de la unipolaridad y la emergencia de nuevas potencias comerciales, que le dan al mundo un nuevo relieve.

Brasil participa en el BRICS, que levanta más expectativas que muchos otros grupos de integración por las fuentes de financiamiento y mercados que abre.

Por su parte, Argentina ya ha pedido su ingreso en este grupo.

Brasil quiere quitarse cualquier «camisa de fuerza» porque su pragmatismo, político y comercial, en un país tan grande y poderoso, no puede ser limitado, especialmente ante el acecho de los flagelos que ha traído este 2022: la escasez y los altos precios de combustibles y alimentos.

La participación de Brasil en el grupo de economías emergentes llamado BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) le permite desalinear su política comercial en relación a EE.UU. y estrechar alianzas con sus enemigos.

Recientemente, con varios actos presidenciales, el presidente Jair Bolsonaro declaró su interés en no acatar la línea de sanciones contra Rusia y su neutralidad en el conflicto.

Ciertamente, el BRICS levanta más expectativas que muchos otros grupos de integración por las fuentes de financiamiento y mercados que abre.

Por ello, Argentina ha pedido entrar en ese grupo y ha recibido el visto de bueno de China para ello.

Uruguay, por su parte, llegó a la cumbre con la noticia de la culminación del estudio de factibilidad para comenzar a negociar en firme un TLC con China, lo que supone tomar distancia del grupo o al menos no esperar consensos para actuar.

Y finalmente, Paraguay, el país anfitrión, cuyo presidente, Mario Abdo Benítez, quizá el actor del grupo más alineado con la política estadounidense, no ha tenido mucha capacidad ni maniobra para hacer una cumbre que permitiera redefinir o reimpulsar al organismo.

Además, la falta de apoyo de Uruguay a la declaración final abre una controversia con Lacalle Pou, quien debería ser su aliado ideológico.

Hay que resaltar que sí hubo acuerdos arancelarios importantes, básicamente entre Brasil y Argentina, lo que genera expectativas de que un hipotético cambio de gobierno en Brasil tenga la visión estratégica y utilice su peso geopolítico para reanimar el Mercosur.

Bolivia, en proceso de adhesión, es quizá el país que mejor se encuentra en términos de estabilidad económica, sin embargo, aún no está admitido como miembro pleno y su inclusión no ha sido un punto importante en una agenda que ya era suficientemente agria.

De Venezuela, suspendida en 2017, ya no se habla, ni bien ni mal, y eso puede significar también un cambio importante debido a la inversión de tiempo que se le dedicó al país caribeño durante el ciclo de derechas.

¿Puede sobrevivir Mercosur a la crisis actual? 

El nuevo conflicto en Ucrania viene a corroborar el tránsito del mundo hacia un nuevo ordenamiento.

Una especie de transición desde la globalización, que se sustentaba sobre el debilitamiento de la idea del Estado-nación y el advenimiento de una potencia única, a una nueva situación en la que no solo vuelven con fuerza los Estados, sino que se reinicia un ‘choque civilizacional’ entre Occidente y Oriente, que había salido de la escena geopolítica durante los largos años de la ‘lucha antiterrorista’.

De lo que se trata es de salvarse ante las presentes coyunturas mundiales que han llevado a una crisis energética y alimentaria sin precedentes y el pragmatismo se ha convertido en el norte de las acciones de los Estados.

Esto supone la emergencia de potencias comerciales y mercados con los que cada país quiere negociar de manera bilateral y explotar las oportunidades que esta nueva condición mundial despliega, sin esperar por un consenso, largo y tedioso, requerido para comenzar a vender y comprar.

De lo que se trata es de salvarse ante las presentes coyunturas mundiales que han llevado a una crisis energética y alimentaria sin precedentes.

El pragmatismo se ha convertido en el norte de las acciones de los Estados, así que si el Mercosur no se abre a esta nueva situación, podría tender a a debilitarse.

La culpa entonces no va a ser de Uruguay y su TLC, sino de la falta de eficacia del mecanismo para sobrevivir al panorama actual y mantener su unidad.

Zelenski vetado en Mercosur

La cumbre produjo acontecimientos desde el día anterior del encuentro presidencial, cuando el bloque le negó la palabra al presidente ucraniano, Vladímir Zelenski.

En 2020, fue permitida la participación de la entonces presidenta de facto de Bolivia, Jeanine Añez, mostrando la tendencia derechista del grupo. A Zelenski en cambio no lo consideraron un interlocutor válido para la cita.

La decisión pone de manifiesto que los países del Mercosur, aunque varios de sus presidentes fueron elegidos en la ola derechista del lustro pasado, han cortado de raíz la narrativa occidental en torno al conflicto en Ucrania, lo que se evidenció en la negación del grupo al uso de palabra que pidió Zelenski.

Esto dice mucho de los cambios en la alineaciones y en la ‘desobediencia’ de antiguos aliados, incluso de derecha, sobre los designios de EE.UU.

Ociel Alí López es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela.

Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004.

Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América Latina.

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