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Operativo crítico en los Andes: Policías y militares intentan despejar la ruta a una Paz asfixiada por 23 días de protestas
La crisis político-social en Bolivia ha alcanzado un punto crítico de estrangulamiento logístico. En una jornada de alta tensión, un masivo contingente de policías y militares inició un nuevo y decisivo operativo conjunto para intentar desbloquear la carretera troncal que conecta la ciudad de La Paz con Oruro, la cual cumple ya 23 días completamente aislada por los duros bloqueos de carreteras promovidos por sectores de la oposición.
La movilización de las fuerzas de seguridad —que avanzan de manera paulatina utilizando más de 150 vehículos, entre camiones de transporte, autobuses y maquinaria pesada— busca quebrar el cerco que mantiene desabastecida a la sede de gobierno. El objetivo principal es facilitar la entrada de cientos de camiones varados con alimentos esenciales como la carne, cuyos precios se han disparado de forma alarmante en los mercados locales. Asimismo, las autoridades priorizan el paso urgente de cargamentos de oxígeno medicinal importado desde Perú, debido a que múltiples hospitales estatales en La Paz, El Alto y Oruro se han visto obligados a racionar este insumo y suspender cirugías programadas.
A diferencia de incursiones anteriores, el Ejecutivo ha diseñado una estrategia basada en la disuasión y el uso de símbolos de paz. El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, encabeza la caravana gubernamental portando banderas blancas en los vehículos como una señal explícita de apertura al diálogo con los huelguistas, asegurando ante los medios que las fuerzas del orden operan estrictamente sin armamento letal. Pese al enfoque pacífico, el avance del convoy ha registrado los primeros focos de violencia en sectores como Ventilla, donde manifestantes radicales atacaron la caravana con piedras y llegaron a destruir los parabrisas de un tractor, lo que obligó a las unidades policiales a responder con gases lacrimógenos para dispersar la agresión.
El despliegue de este fin de semana intenta revertir el fracaso del operativo del sábado anterior, cuando los agentes solo lograron liberar 50 kilómetros de vía antes de replegarse ante la feroz resistencia en El Alto, donde los bloqueadores emplearon cargas de dinamita. Las protestas, impulsadas de forma conjunta por sindicatos de la Central Obrera Boliviana (COB), campesinos aimaras del altiplano y facciones afines al expresidente Evo Morales, mantienen la firme exigencia de la renuncia del presidente Rodrigo Paz. Aunque el Gobierno central extendió una invitación formal para instalar mesas de negociación este domingo con la influyente Federación de Campesinos «Túpac Katari», la tensión en las carreteras se mantiene al límite mientras los manifestantes intentan reorganizarse inmediatamente después del paso de las tropas.

