Otro aniversario muy importante

Otro aniversario muy importante

Rafael Chaljub Mejìa

El sesenta aniversario del ajusticiamiento de Rafael Trujillo hizo que pasara inadvertido otro aniversario de trascendencia histórica por las perjudiciales consecuencias que trajo para la causa democrática.

Me refiero al cincuenta y cinco aniversario del retorno de Joaquín Balaguer al poder y al inicio de la dictadura de los doce años desde el primero de junio de 1966.

Este retorno fue como una recaída en aquello que esperaba dejarse atrás. Después de la caída de la tiranía se abrió un ensayo democrático con el gobierno constitucional del profesor Juan Bosch.

Ese ensayo fue malogrado por el golpe del 25 de septiembre de 1963. Se reimplantó la dictadura militar y el retroceso no pudo ser más grave.

Pero la revolución constitucionalista del 24 de abril de 1965 se dispuso a rectificar aquel trastorno y hacer que la historia retornara a sus mejores causes.

La intervención imperialista del 28 de abril lo impidió, frenó el triunfo de la legitimidad constitucional e impuso el regreso de Balaguer, es decir, el retorno del trujillismo con otra cabeza, la imposición de la contrarrevolución, con un plan diseñado para la destrucción a sangre, soborno y represión de las fuerzas revolucionarias y reforzar el poder reaccionario que la lucha popular había llevado al borde del colapso.

Ese fue el hecho histórico y ese fue el plan que se aplicó con un elevado costo en sangre. La resistencia heroica de nuestro pueblo, con el aporte valioso e invalorable del movimiento de izquierda, puso fin al régimen de los doce años, pero, como la serpiente que deja envenenado el agujero donde duerme, ese personaje y su régimen dejaron reforzada la vieja herencia de autoritarismo, conservadurismo y atraso.

Los sesenta años del fin de Trujillo y los cincuenta y cinco del retorno del trujillismo bajo otras apariencias, son dos referencias históricas y dos desafíos a continuar la brega por superarlos para siempre.

Por fortuna, la oportunidad para avanzar en esa ruta está abierta a partir del más reciente cambio de gobierno.

Son mejores los aires para presionar en favor de reformas democráticas a fondo y consagrarlas todas en una nueva Constitución, fruto de una constituyente electa por voto popular, que sepulte los viejos conceptos conservadores del trujillismo y su semejante, el balaguerismo, y sirva de marco jurídico a la transición democrática que aún está pendiente de llevarse a cabo.

Es cuestión de mantener el rumbo y no cansarse.

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