Partidos y sociedad

Partidos y sociedad

Un ciudadano no puede ser descalificado para un cargo público simplemente porque pertenece a un partido político, sin tomar en cuenta sus condiciones profesionales, su práctica social, su apego a determinados valores éticos y morales en el transcurso de su vida, pues se le estarían violando derechos fundamentales consagrados en la Constitución.

Si un político no puede ocupar un puesto público por su militancia, entonces nadie puede hacerlo, ni siquiera el ciudadano presidente que llega al cargo precisamente respaldado por una o varias organizaciones políticas, igual que los alcaldes, concejales, diputados y senadores.

Una buena parte de hombres y mujeres, de alta capacidad y honorabilidad, no militan en los partidos justamente porque dicen que la política “es muy sucia”, no es “para gente seria”, y no quieren asociase a esa “gentuza” corrompida que quiere puesto para aprovecharse y robarse los bienes del Estado.

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Los partidos y los políticos están desacreditados, pero ellos determinan el rumbo de un país.

Fuera de los partidos hay tantos sinvergüenzas y charlatanes como en ellos No es, pues, un problema de militancia, es una cuestión social, una cultura que debemos desterrar.

No se trata de si una persona milita o no en un partido, si es de la llamada “sociedad civil”, es si hombres y mujeres –no importa el género- son capaces y honestos, si les han servido a la nación con integridad, si no son corruptos. En todos los partidos hay gente buena y gente mala, honesta y corrupta. De igual que en la “sociedad civil”.

Me gusta la gente que milita, que se la juega, que lucha por lo que cree, comprometida con su pueblo, la gente fiel y leal; no me gustan los oportunistas, ni los tránsfugas, que pescan en río revuelto, sentados esperando que un manjar les caiga del cielo. Hay que premiar la lealtad y la fidelidad partidaria, a la capacidad y la honorabilidad, no el oportunismo, venga de donde venga.

Se ha desarrollado una campaña en los medios de comunicación, incluyendo las redes, de rechazo a todo lo que huela a partido político con el fin de impedir que cualquier militante o dirigente ocupe un cargo en un órgano electoral, judicial o de cualquier otra naturaleza.

Los miembros de la “sociedad civil” son los únicos que deben ir a la Junta Central Electoral, Cámara de Cuentas, Defensoría del Pueblo, etc. Yo creo que cualquier dirigente político, si es serio, capaz, honesto, trabajador, con carácter, como los hay, puede hacerlo, al igual que cualquier otro ciudadano.

El punto es tener cuidado en la selección.
Los “independientes” y los “notables” siempre han dejado un sabor amargo. La experiencia con ellos no ha sido buena. En política, como en el periodismo, y otras áreas del conocimiento, la independencia no existe.

Por: Juán Táveras Hernández
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