Permanencia de la poesía

Permanencia de la poesía

José Mármol

He sido poco dado a divulgar mi propia poesía a no ser a través de los libros impresos que la contienen. Pocas veces lo hice antaño en suplementos literarios o revistas.

Aprovechando el impacto cultural de ciertos y modernos soportes llegué, en 2002, y por invitación del amigo Luis Molina y sus ahora míticas Patín Bigote Ediciones, a publicar un disco compacto (CD) con más de una veintena de poemas leídos con mi voz.

Esta misma empresa, cuyo lema sigue siendo “Se cura el pecho apretao”, construyó y lanzó con informaciones mías la primera página web de un escritor dominicano.

Con el apogeo del medio digital y las denominadas redes sociales, el impacto de un poema grabado y colgado en Youtube, Instagram, Facebook, Twitter o LinkedIn se cifra en decenas de miles de vistas, ya sean de seguidores del autor o de visitantes de sus perfiles. Si bien han ido diversificándose, porque el libro continúa imprimiéndose, exponiéndose, vendiéndose, leyéndose y no es verdad que morirá, a pesar del incremento de plataformas y lectores digitales, lo incontrovertible es que la poesía permanece vigente en el gusto y la sensibilidad, eso sí, de una inmensa minoría, oxímoron propio del poeta español Juan Ramón Jiménez.

El fotógrafo artístico, columnista y autor Herminio Alberti León me ha retado, en más de una ocasión, a publicar poemas de mi autoría en este espacio periodístico. Aduce, como estratega en mercadeo y comunicación, que es una forma alternativa, pero eficaz, de que la poesía llegue hoy a más y quizás nuevos lectores, amén del impulso de la digitalización.

Con la ilusión de que la poesía, además de complacer al amigo, logre en la prensa de hoy, tanto impresa como digital, lo que en la de inicios del siglo pasado logró Ortega y Gasset con la filosofía, o los escritores del siglo XIX consiguieron con las novelas por entregas, abro la columna Carpe diem a la experiencia sentimental y cognitiva, que desde su plasticidad, sonoridad y particular poder evocativo podría provocar el lenguaje poético, en esta ocasión, como bloques de versos prosados.

Poeta y máscara
Desciendo al centro de lo frágil por mi última escalera de vocablos. Las palabras son hojas de milenario viaje; son piedras lavadas por lágrimas y sangre; son espadas colgadas de una inmensa nostalgia, frutos celebrantes del cambio de estación, del ancho espacio abierto al mar como una ofrenda.

Respiro en una selva de acentos y pronombres, en precipicios altos de finas consonantes; respiro y es el aire mezcla de tu fragancia, de gritos confundidos, lenguas, yemas conocidas, un continente abierto a la sinuosidad. Sueño los portentos y la furia, sueño las distintas oraciones con que los bandos fieros invocaban en versos a sus dioses perdidos y sus amantes ebrias.

La seducción despierta poblaciones y océanos, despoja de la máscara las pasiones del sueño. Pero el idioma vuela más allá de las palabras, más allá de los rostros, del silencio y de la voz. El idioma está hecho de cuanto puede ser y yo no tengo tantos disfraces ni paciencia. Desciendo por mi última escalera de vocablos y descubro que no existo si una voz no me reclama. (1994).

Pensamiento
para qué preguntar por la salida si la entrada fue un don de lo desconocido. para qué los intentos por descifrar la vasta superficie de un milagro. para qué presumir sabiduría y dominio. sabio es el viento que no tiene memoria. que solo cuando pasa es. que puede pasar iracundo o tierno. sabio es el viento. uno de los cuatro elementos en el sueño. y no lo sabe nunca. y nunca lo sabrá. (1989).

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