¿Qué es la reducción embrionaria en un embarazo múltiple?

¿Qué es la reducción embrionaria en un embarazo múltiple?

La reducción embrionaria se emplea cuando la madre está embarazada de más de dos embriones y existe riesgo tanto para ella como para los bebés. Te explicamos cuáles son las indicaciones principales.
¿Qué es la reducción embrionaria en un embarazo múltiple?

La reducción embrionaria es una intervención que se realiza cada vez con más frecuencia. Es una técnica que consiste en reducir el número de fetos en embarazos múltiples. Es decir, en mujeres embarazadas de gemelos, trillizos o cuatrillizos.

La razón por la que se realiza es que los embarazos múltiples suponen un riesgo mucho mayor que las gestas de un solo feto. Pueden influir negativamente tanto en la madre como provocar complicaciones en los bebés.

Por eso, la intervención incrementa las posibilidades de éxito del parto. En este artículo te explicamos en qué consiste la reducción embrionaria, cómo se realiza y cómo afrontar esa decisión.

¿En qué consiste la reducción embrionaria?

Antes de explicar la reducción embrionaria en sí, hay que contextualizar un poco por qué es necesaria la técnica. Un embarazo múltiple es aquel en el que se gestan dos o más embriones en el útero materno.

Dichos embriones pueden proceder de la fertilización de un óvulo (embarazo monocigótico) o de dos (embarazo dicigótico). Es decir, el embarazo múltiple es aquel en el que se gestan gemelos, trillizos, cuatrillizos o más.

Según explica un artículo de Aísa Reproducción y Biotecnología, los embarazos múltiples tienen una mayor morbilidad y mortalidad, tanto para la madre como para los embriones. De hecho, se estima que las complicaciones maternas son entre 3 y 7 veces más frecuentes que en los embarazos únicos.

Por eso, en algunas ocasiones los riesgos son inasumibles y se prefiere realizar una reducción embrionaria. Los embarazos múltiples aparecen con frecuencia tras realizar técnicas de reproducción asistida. Esto no hace más que incrementar el problema, ya que la decisión es más compleja.

La reducción embrionaria también recibe el nombre de embriorreducción fetal. Consiste en la interrupción del desarrollo de uno o más fetos, en el contexto de un embarazo múltiple.

Es una técnica que se recomienda cuando el riesgo es muy elevado, tanto para la madre como para los bebés. La idea es mejorar las condiciones de la gestación para que al menos puedan nacer uno o dos fetos sanos.

Inseminación artificial.
Las técnicas de reproducción asistida derivan, con frecuencia, en gestaciones múltiples.

¿Cuándo está indicada la reducción embrionaria?

La reducción embrionaria está indicada en embarazos múltiples de riesgo. Tal y como señala una publicación de Reproducción Asistida, lo habitual es que se realice cuando se trata de más de tres embriones (trillizos o cuatrillizos).

La razón es que los embarazos de gemelos o incluso de trillizos no suponen tanto riesgo si la madre goza de buena salud. El riesgo aumenta en situaciones concretas, como cuando uno de los fetos experimenta retraso del crecimiento intrauterino. La reducción también se realiza para evitar que se produzca un parto prematuro.

Otra de las razones por las que se indica esta técnica es para evitar complicaciones cardiovasculares en la madre. Del mismo modo, se intentan prevenir las hemorragias y la ruptura de la pared del útero.

Aunque es algo más complejo, es posible que sea la propia familia la que pida la reducción embrionaria. Sobre todo en los casos en los que hay dificultades económicas.

¿Cómo se realiza la reducción embrionaria en el embarazo múltiple?

La reducción embrionaria es una intervención que suele realizarse al comienzo del embarazo. Lo ideal es concretarla entre la semana 10 y la semana 13, tras la primera ecografía.

La principal razón por la que no se realiza antes es que existe la posibilidad de que los embriones se reduzcan durante las primeras semanas. Además, hasta que no se alcanza la semana 12 no se pueden evaluar ciertas características ecográficas.

Por ejemplo, el pliegue nucal o la frecuencia cardíaca. Esos parámetros son los que orientan la sospecha de que exista un riesgo alto en la gestación. Del mismo modo, es durante esas semanas cuando se determina si los fetos proceden de un mismo óvulo y si comparten placenta.

La reducción embrionaria es una intervención similar a la amniocentesis. Se suele realizar con anestesia local.

Dos vías son las disponibles: la vaginal y la abdominal. Se introduce una aguja a través de cualquiera de ambas hasta llegar al feto que se desea reducir. Para alcanzarlo se hace de manera simultánea una ecografía que ayuda a guiar la aguja.

Una vez se ha llegado hasta el feto, se le inyecta una solución de cloruro potásico en el tórax. La sustancia hace que el corazón del feto se detenga. Después, será reabsorbido por los tejidos del útero, por lo que no es necesario extraerlo como tal.

¿Cómo se elige el feto que se reduce?

Existen dos tipos diferentes de reducción embrionaria, en función de si se eligen o no los fetos que van a eliminarse. El primer tipo es la reducción selectiva. Se prefiere cuando uno de los fetos ya expresa características que indican anomalías.

Por ejemplo, defectos congénitos o un déficit del desarrollo. La idea es reducir este feto porque será el que menos probabilidades de sobrevivir presente.

El segundo tipo es la reducción no selectiva. En este caso, se realiza sin elegir ningún feto. Se reduce aquel que se encuentre en una posición más accesible para introducir la aguja en el tórax.

Posibles riesgos de la técnica

Según afirma un estudio publicado en la Revista Cubana de Obstetricia y Ginecología, la reducción embrionaria es una técnica segura. La tasa de pérdidas totales de embarazo está entre el 5 % y 6 %. Si no se realiza la técnica, la tasa de aborto espontáneo es mayor. Además, el riesgo de la madre y del feto superviviente varían en función de en qué momento se realice la reducción y si los fetos comparten placenta.

De cualquier manera, la reducción embrionaria aumenta la probabilidad de supervivencia del resto de los fetos. La razón es que les permite un mayor espacio para desarrollarse y mejora la capacidad de nutrición de los mismos.

Sin embargo, también se presentan riesgos. Se pueden producir hemorragias e infecciones intraamnióticas. Del mismo modo, el parto se produce antes de la semana 37 en casi un 75 % de los casos. Tampoco se debe desestimar la posibilidad de que la reducción embrionaria tenga consecuencias psicológicas en la madre.

Embarazo gemelar.
Los embarazos gemelares tienen menos riesgos que los de trillizos o cuatrillizos, pero no dejan de tener más problemas que los de feto único.

Es una decisión difícil

La reducción embrionaria es una decisión difícil para todos los padres. Es normal que se desee que nazcan todos los bebés. Por eso siempre se tienen dudas sobre si es la mejor decisión o no.

En otros casos, la opción se toma por motivos ajenos, como los problemas económicos. Todo ello hace que sea una intervención estresante, compleja de llevar a cabo y con un impacto emocional grande. Por eso se recomienda consultar siempre con varios especialistas. Incluso puede ser beneficioso gestionar la situación con un psicólogo.

Es importante que la familia cuente con apoyo de sus seres queridos. La opinión de otros padres que hayan pasado por la misma situación puede ser de ayuda.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *