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Relato Vida Cotidiana

Relato Vida Cotidiana

Jesús Antonio Fernández Olmedo.

En una mañana cualquiera salimos de casa para cumplir con nuestras
obligaciones, pongamos por caso, un vendedor a comisión, el cual gana, si
vende, y, si no vende no gana. Pero hoy este medio laboral es de los
poquísimos que aún no han sido barridos por la coyuntura del Covid-19, ya
que, salvo los gigantes empresariales transnacionales que todavía están
operando comercialmente en este territorio del «olé, olé» y del «vengan días,
caigan panes», los negocios comerciales pequeños están cayendo como
moscas por esta peste que mata sin piedad. Y en cuanto a las medianas
empresas están sobreviviendo a duras penas por «falta de personal para
trabajar».

Volvamos a esta persona que cada día se levanta con el alba para
voluntariosamente y con fe ir a vender su producto, llamémosle
«comercialización in situ»,es decir, esta mujer/esta hombre siempre con buen
ánimo y con corrección sale de su casa, cual luchadora/luchador, va
recorriendo tierras, pueblos, ciudades, incluso a lugares muy lejanos de su
tierra natal a fin de llevar la buena nueva en el campo comercial, su producto,
porque primero cree en sí misma/sí mismo, segundo lo que vende es honesto
y tercero es coherente con su vida, con lo que espera logar para sentirse bien
consigo misma/misma.

En una palabra, esta actitud profesional y personal es de honradez con todos.
Entonces, viendo su trabajo desde el prisma de la ética, tanto laboral como
social, este ser humano silenciosamente y sin aspavientos va enarbolando la
bandera de la paz, una bandera que no está bajo ninguna institución, bajo
ningún estado o ninguna nación. Esta bandera no responde a intereses
egoístas individuales o colectivos. Se trata limpiamente de una bandera de
Paz, mientras con sus palabra abiertas, correctas y amables va ofreciendo su
producto para poder vivir con dignidad y, como es lógico, porque no se rinde
ante tanto caos, tanta apatía y tanta locura social de tantos ciudadanos que se
encolerizan con quejas al aire y con amenazas, dejándose arrastrar por los
acontecimientos de oscuridad y de muerte. Acontecimientos provocados por la
pasividad y la ignorancia de todos quienes han pensado que las cosas
importantes y valiiosas de la vida vienen del Estado y de su gobierno, bajo
cuyo paraguas estamos salvos y contentos, o por la ingenuidad de quienes
han pensado que otros entes poderosos van siempre a preocuparse de
nuestras vidas personales.

Sin embargo, todos hemos visto que al cabo de las décadas, de los lustros lo
único que nos han sobrevenido de estos poderes protectores y salvadores han
sido la mentira constante, la crueldad y la injusticia, y la prueba ha sido la
pandemia global, antes de ésta, nos ha sobrevenido la destrucción del estado del
bienestar, como solía repertirse hasta la saciedad desde las pantallas mágicas y
compasivas de los receptores audiovisuales domésticos, o desde las voces
persuasivas y comprensivas de los receptores radiofónicos, y, claro está, nuestra
decepción fuerte al principio se ha convertirdo en amargura y resentimiento
después por habernos entregado a los intereses corporativos, gubernamentales y
estatales sin al menos luchar por nuestra dignidad, nuestra libertad y nuestra
vida.

Lo que se pretende explicar con esta exposición es que este ser humano no se
ha dejado llevar por todos estos elementos sociales ni por sus estrategias de
dominio o de manipulación y, valientemente y con fe, cada día sale a trabajar
llevando esta bandera imaginaria al mismo tiempo, la bandera de la paz.
¿Por qué la bandera de la paz? Por un lado, porque incluso en un tiempo de paz,
sin guerras militares con armas letales de fuego, la gente no vive en paz; no
siente paz en su corazón, y por otro lado, porque ella/él va difundiendo con su
actitud mental y verbal hacia sus semejantes una actitud de paz en el acto de
vender por doquier que vaya. Y esta actitud no es cotidiana; no es habitual en
nuestras ciudades y pueblos en todo lo largo y ancho de este perdido pueblo
hispánico, por aquellos que el extinto pueblo romano bautizó a nuestro territorio
con el nombre de Hispania.

No obstante, la gente no quiere o no puede ver esta actitud de paz en este ser
humano bueno que ama la vida propia y la ajena también, quizás porque lo que
ve en ella/él es algún fantasma que brota de las profundidas de su paisaje interno
cual alud imparable de nieve. O sea algnas personas proyectan ogros mentales
con toda fuerza sobre esta persona que sólo quiere vender para ganarse el
sustento como cualquier otra persona. No ocurre siempre con agresividad
virulenta -nunca mejor dicho en tiempos de virus mortal pandémico-, pero sí
siempre con acritud, con amargura, con acorralamiento.

Y claro, cuando surge con agresividad virulenta, este ser humano que trabaja con
amabilidad y con honradez ha de defenderse echando a correr algunas veces,
pero algunas otras en que le alcanzan porque no puede huir o defenderse
pacíficamente, ha de recurrir a las fuerzas del orden público. En este último caso,
la situación es muy tensa, agotadora y desagradable, y muy decepcionante, ya
que ve nuestra amiga, nuestro amigo que cada día se le hace más difícil
conectarse empáticamente con otras personas que son igualmente trabajadores
como ella/él y que están sufriendo las mismas restricciones económicas,
sanitarias, civiles y de libertad que ella/él.

Quienes reciben su visita amable y correcta no comprenden su mensaje
subliminal: «Le traigo paz con mi trabajo». Ellos sólo ven que intenta importunarles
con su oferta de comercialización y explotan con sus fantasmas mentales que ya
estaban a punto de salir a la superficie de su mente.

¿Por qué? Nos preguntamos. Quizás porque ellos se sienten acorralados por un
sistema de trampas y de engaños, o por un sistema inhumano en el que se
persigue básicamente la felicidad material como paradigma de vida humana por
excelencia, y , por supuesto, cada persona tiene sus peculiaridades que no
encajan en el molde de este sistema cuyo pilar hoy día más que nunca es el
dinero a cualquier precio. Finalmente, la mayoría es incapaz de introducir sus
perculiaridades personales en un molde estereotipado que acaba con la salud y la
vida emocional y psicológica de aquellas personas que no pudieron encajar en
ese molde frío e injusto.

¿Qué hace nuestra amiga o nuestro amigo al día siguiente? Fiel a sí misma o a sí
mismo no se rinde, no tira la toalla ni se queja, ni patalea aunque sabe que
volverá a encontrarse con incomunicación, con agresividad y con reaccioones

patéticas de derrota y de dolorosa frustración. No. Ella o él sigue trabjando con la
misma actitud de esperanza haciendo su trabajo, enarbolando la bandera de esa
paz que todos anehlamos pero que nos empecinamos en encontrar en caminos
oscuros con métodos sufrientes, incorrectos y violentos hacia nosotros mismos
incluso, porque si somos francos con nosotros mismos no nos amamos tal como
somos. Queremos ser otras personas, las poderosas, las exitosas, las siempre
felices ante nuestros ojos velados por nuestros contenidos mentales no
integrados, por nuestros temores no aceptados, por nuestros fantasmas internos
y por nuestros fracasos que nos parecen causados solamente por nosotros
mismos, cuando en realidad nuestros fracasos tambien han sido causados por
nuestro sistema de creencias y de valores que hemos aprendido en el sistema
mediante nuestros padres.

La consecuencia de todo ello es obvia. Nos sentimos utilizados por el engaño
institucionalizado y avalado por imágenes y por palabras que hemos visto y oído
miles de veces desde que tuvimos uso de razón en los medios de difusión,
también cómplices de este sistema inhumano.

Sin embargo, nuestro amigo o nuestra amiga por propia claridad de ideas desde
la primera juventud en que se ha marcado su propio camino sin influencias
nocivas de esta maquinaria hoy agotada, por cierto, que ya no arranca aunque se
la esté engrasando cada día. Él o ella buscaron su propio destino de acuerdo con
su idiosincrasia, siendo coherentes con ellos mismos, ya que ante todo querían
vivir en paz consigo mismos mientras buscaban su verdadero camino de
expresión y de dar para recibir (ésta es la ley del universo, dar para recibir).
Entonces cada mañana sale con su bandera invisible de paz al mundo al mismo
tiempo que quieren ganar su jornal para estar tranquilos con ellos mismo, a pesar
de que los insultarán, los perseguirán, los amenazarán e incluso los agrederán,
porque son gente de corazón cuya cabeza es la herramienta para moverse en
este mundo perdido en el túnel oscuro y largo del egoismo, de la maldad y de la
desorientación, lacras que aún campean en las tierras de nuestra Hispania:
«Ave Caesar, morituri te salutan»

( Relato de coparticiación entre Jesús Antonio y Ricardo Carreras )
( Cuando publiquen envíen link ; amplia información del autor en Google )

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