Turbulencias migratorias

Turbulencias migratorias

Las turbulencias siguen afectando a la minicumbre sobre migración convocada para el domingo en Bruselas a petición de la canciller alemana, Angela Merkel. Ayer se produjeron sonadas altas y bajas en la asistencia a la reunión. Los cuatro países de Visegrado, (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) anunciaron su boicot a la cumbre, mientras que Italia confirmaba su participación pero sólo después de una llamada in extremis de Angela Merkel para tranquilizar al primer ministro italiano, Giuseppe Conte.

“Nos vemos el domingo en Bruselas”, escribió el primer ministro italiano en Facebook. Sólo lo hizo después de recibir una llamada de la canciller alemana. Según la versión de Conte, Merkel le garantizó que el borrador filtrado en las últimas horas de las conclusiones de esa cumbre era un “malentendido” y que no se iba a utilizar. Para ser más exactos, dijo que el domingo no se aprobará ningún texto, sino que será un debate previo para las decisiones que habrá que tomar en todo caso más tarde, en la cumbre formal del jueves y viernes, aquella en que asistirán los 28 miembros de la Unió Europea.

El italiano Conte acepta participar después de una llamada de Merkel

Conte presumió además de tener garantías de que “el centro de las discusiones” será la propuesta italiana, que se tratará conjuntamente con la de los otros países. Hay que reconocer que un punto de razón tiene la irritación de Conte. El borrador inicial se decantaba descaradamente hacia los intereses de Merkel y de sus socios bávaros, focalizando el esfuerzo en cómo evitar o limitar los movimientos secundarios, los traslados de refugiados desde su país de recepción a otros estados de la UE, con Alemania como destino preferente. Se citaba por ejemplo la creación de “mecanismos conjuntos y flexibles de readmisión cerca de las fronteras internas” y se insistía en eliminar cualquier incentivo a estos movimientos y reforzar la obligación de los demandantes de asilo de permanecer en el Estado al que llegaron a la Unión Europea. En definitiva, evitar su desplazamiento básicamente hacia tierras alemanas. Muy lejos pues de los intereses de Italia, aunque sus dirigentes, a tenor del tipo de declaraciones que prodigan con generosidad, parecen más interesados en mantener viva la llama de la polémica que en conseguir algún tipo de acuerdo. Ya el miércoles, Conte afirmó amenazante que ellos sólo discutirían de las distribuciones internas de migrantes después de abordar las llegadas por las fronteras exteriores, en su caso por el Mediterráneo.

Las amenazas de boicotear la reunión motivaron la rápida reacción de la canciller Merkel, que ha hecho de esta minicumbre un salvavidas para evitar que se rompa su relación con el socio bávaro. Fue ella quien presionó para obtener la cumbre, también quien estuvo detrás del borrador de conclusiones y quien ahora, sobre la marcha, consiguió convencer a Conte para evitar una ausencia que hubiera dañado la credibilidad de la reunión.

Orbán dice que los problemas de algunos no tienen que llevar a prisas paneuropeas

En cambio, a quien no pudo, o no quiso, convencer Merkel fue a los países de Visegrado, que forman el núcleo más duro en la política migratoria, y que anunciaron que no asistirán a la reunión. La negativa la argumentó el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki: “La minicumbre del domingo es inaceptable, nosotros no vamos a participar, quieren recuperar una antigua propuesta que nosotros ya hemos rechazado”.

Y un crecido Viktor Orbán, primer ministro húngaro, acusó a Merkel sin citarla: “Entendemos que hay países que tienen dificultades políticas domésticas, pero esto no nos pueda llevar a una precipitación paneuropea”. Orbán se siente más fuerte que nunca. Después de su contundente victoria en las elecciones de abril ahora ve cómo ya no es la oveja negra europea, sino que en temas como la inmigración es un número cada vez más amplio de países el que está rotando hacia sus posiciones de intransigencia y de cerrazón de fronteras. Ello explica también por qué esta semana aprobó la ley denominada “Stop Soros”, que prevé hasta un año de cárcel a cualquier persona que ayude a un inmigrante en situación ilegal.

La decisión de no asistir a la cumbre del domingo se tomó en una reunión en Belgrado de los cuatro de Visegrado con un invitado especial, el canciller de Austria, Sebastian Kurz, que gobierna en coalición con la extrema derecha y que también ha hecho del rechazo a los inmigrantes el principio que guía su política. Austria que, por cierto, el 1 de julio asumirá la presidencia europea y que, en principio sí que tiene previsto asistir a la minicumbre. Kurz y Orbán, en paticular; o Austria y los de Visegrado, más en general, están encontrando muchos puntos de encuentro. Su enfoque de la política migratoria se basa en medidas coercitivas y de freno a la entrada con actuaciones cada vez más contundentes. A nivel europeo su objetivo es reforzar las fronteras exteriores, incrementar la capacidad de Frontex, que ya tiene previsto aumentar hasta 10.000 el número de sus efectivos, y expresar su rechazo rotundo a cualquier cuota obligatoria de aceptación de refugiados.

“No queremos Guantánamos para migrantes”, dice la Comisión Europea

Mientras, en Bruselas, el comisario de Migración, Dimitris Avramopoulos, apoyó la propuesta de crear centros de migrantes fuera de la fronteras de la Unión Europea. Se les denomina “plataformas de desembarco regionales”, aunque en realidad todos saben que el eufemismo se refiere a campamentos para seleccionar a los demandantes de asilo sin que lleguen a poner un pie en territorio europeo. Avramopoulos afirmó que no se plantea en ningún caso la creación de “Guantánamos de migrantes”, insistiendo en que el respeto de la legalidad internacional y los valores europeos deben ser una parte esencial de estas iniciativas. También dijo que se desarrollarán en coordinación con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional de Migraciones (OIM). El comisario europeo reconoció que hasta el momento no hay ningún país que haya manifestado interés por acoger centros de este tipo. También añadió que quiere intensificar la relación con países del norte de África, como Argelia, Egipto, Libia, Túnez, Níger y Marruecos, para que mejoren la gestión de sus fronteras y la lucha contra los traficantes, así como evitar las salidas al mar.

La primer mención en un documento oficial de estos centros apareció en el borrador de la conclusiones de la cumbre del 28 y 29 de junio. Llegó por sorpresa y a iniciativa del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Precisamente, el dirigente que tampoco no asistirá a la minicumbre del domingo, en desacuerdo por su formato y su momento. Una muestra más de las disensiones que están multiplicándose en la UE. Unas, como la tirantez Tusk-Juncker, de índole más interna, y por supuesto no tan graves como las que están apareciendo a nivel de los jefes de Gobierno.

Que el momento es más que delicado lo reconoció el comisario de Migración, Dimitris Avramopoulos, cuando se refirió a los peligros que corre el funcionamiento del Convenio de Schengen, el que permite la libre circulación sin fronteras interiores. Algunos países tienen instalados controles en las fronteras, pero son, o deberían ser excepciones temporales. “Cerrar las fronteras daña la zona Schengen”, dijo el comisario, después de presentar unos datos que demuestran que la tensión política sube a los cotas más altas a pesar de que la llegada de emigrantes sigue a la baja. Ahí van dos: en el Mediterráneo Este las llegadas han caído un 97% respecto a las cifras anteriores al acuerdo de la UE con Turquía del 2016, y en el Mediterráneo Central, han bajado un 77% en relación al 2017.

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