Una amenaza sanitaria que se propaga silenciosamente entre la población mundial

Una amenaza sanitaria que se propaga silenciosamente entre la población mundial

La pandemia de covid-19 todavía se propaga por el mundo, pero el ser humano sufre la amenaza de otro enemigo silencioso que también provocaría graves consecuencias para su salud: las bacterias resistentes a los antibióticos que, a diferencia del coronavirus, se apoderan de nuestros cuerpos de manera lenta y constante.

De hecho, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC, por sus siglas en inglés) advertieron en su informe sobre amenazas de resistencia a los antibióticos de 2019 que casi tres millones de personas contraen infecciones con bacterias de ese tipo cada año, de las cuales alrededor de 35.000 mueren.

En abril del año pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya aseveró que, de manera anual, unas 700.000 personas mueren a causa de estas infecciones en nuestro planeta y pronosticó que, al ritmo actual, para 2050 cerca de 10 millones podrían morir cada año por bacterias resistentes a los antibióticos.

Anteriormente, los especialistas ya indicaron que factores como la prescripción excesiva de antibióticos o su uso desmesurado en el ganado contribuyen a que diferentes infecciones bacterianas —incluidas las cepas de gonorrea, tuberculosis y salmonela— sean extremadamente difíciles y, en ocasiones, imposibles de tratar porque esos microorganismos evolucionan y desarrollan inmunidad. 

Esta circunstancia «no significa que el cuerpo se vuelva resistente a los antibióticos, sino que las bacterias se hicieron resistentes a los antibióticos diseñados para matarlas», reza el comunicado de los CDC. 

«Ya es una pandemia» 

Steffanie Strathdee, profesora de Medicina en la Universidad de California en San Diego, declaró recientemente a Business Insider que esta grave «crisis latente» no recibe la atención suficiente, «empeora» con la llegada del coronavirus y «ya es una pandemia, ya es una crisis global que empeora con el covid-19».

Por su parte, el director ejecutivo de la iniciativa global Resolve to Save Lives y antiguo responsable de los CDC, Tom Frieden, enfatizó que Washington necesita otro enfoque más potente para combatir lo que denomina «bacterias de pesadilla» y disminuir su propagación en los centros de salud.

«No tengo ninguna duda de que, en 20 o 40 años, miraremos al modo en que se implementó la atención médica en 2020 y sacudiremos la cabeza con asombro sobre cómo pudieron permitir que se propagaran tantas infecciones en los centros sanitarios», aseguró este especialista.

«Ni siquiera estamos cerca de donde debemos estar en términos de prevención y control de infecciones», concluyó Frieden.

Uso innecesario de antibióticos

Strathdee subrayó que, a día de hoy, gran parte de la atención y los recursos se destinan a frenar la pandemia de covid-19 y esto aumentó la gravedad del problema de la resistencia bacteriana.

En julio, la OMS solicitó que se tenga más cuidado al recetar remedios a pacientes contagiados con el coronavirus, ya que dos meses antes una revisión reveló que el 72 % de unos 2.000 pacientes hospitalizados con covid-19 en todo el mundo fueron tratados con antibióticos, a pesar de que solo el 8 % presentaba infecciones bacterianas o fúngicas.

Lance Price, director fundador del Centro de Acción de Resistencia a los Antibióticos de la Universidad George Washington, estima que la pandemia de covid-19 ha expuesto cómo el «disfuncional» sistema de salud pública de EE.UU. ha dejado a sus habitantes «vulnerables a las bacterias de propagación lenta y resistentes a los antibióticos»

Así, las autoridades estadounidenses demuestran su «incapacidad para lidiar con muchas epidemias y pandemias simultáneas y en curso de bacterias resistentes a múltiples fármacos que circulando en estos momentos», sostuvo este experto.

Como estos microorganismos cada vez resistirán más a los medicamentos existentes, Price advierte que la población de EE.UU. debe tener cuidado con el uso de esos remedios y las farmacéuticas deberán desarrollar nuevas soluciones.

Sin embargo, señaló que a esas compañías no les interesa poner en marcha determinadas iniciativas en ese ámbito, porque muchas veces suponen un fracaso comercial o no generan tantas ganancias. 

Los antibióticos no son la única solución

En cualquier caso, no solo se puede combatir contra las bacterias con antibióticos, ya que los virus denominados fagos pueden atacar y destruir ciertos de esos patógenos de manera natural y se pueden emplear en los tratamientos.

Steffanie Strathdee reveló que a su marido le trataron de ese modo en 2015, cuando los antibióticos no funcionaban contra una infección que tenía: le inyectaron un cóctel con miles de millones de fagos y se recuperó por completo.

«Necesitamos una enorme biblioteca de fagos de código abierto que se pueda usar para hacerlos coincidir con una infección bacteriana específica y que se empleen junto con antibióticos para acabar con estas superbacterias», sostuvo.

Asimismo, los especialistas destacaron la importancia de una respuesta «pluripotente» ante esta amenaza mundial, que requiere cooperación internacional y un «financiamiento sostenido para las organizaciones de salud por parte del Gobierno de EE.UU., incluidos los CDC.

«Eso significa un apoyo total para la OMS, tanto en términos de financiación como de mandato», así como «un enfoque mejor y más sólido para identificar y corregir las brechas de preparación en todo el mundo», finalizó Tom Frieden.

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