![]()
Una luz en el progreso de la capital
Víctor Féliz Solano
Desde siempre, me ha fascinado todo lo relacionado con la urbanidad y el avance de nuestras ciudades. He sido testigo del vertiginoso crecimiento de Santo Domingo, muchas veces sin una adecuada planificación, con proyectos desconectados y carentes de una visión a largo plazo.
He tenido reservas sobre iniciativas anteriores porque, en gran medida, han sido intentos aislados, sin una coordinación efectiva entre las instituciones encargadas del desarrollo urbano. En numerosas ocasiones, he presenciado la presentación de proyectos ambiciosos que, con el paso del tiempo, se desvanecían por la falta de seguimiento o se encontraban con otras propuestas que no consideraban el panorama general.
Sin embargo, en esta ocasión siento que hay un cambio significativo. Con el Plan Integrado de Santo Domingo, por primera vez en muchos años, percibo una estrategia bien articulada, fruto de un esfuerzo conjunto entre el Gobierno central, el ayuntamiento y el sector privado.
Se nota la intención de establecer una base sólida, evitar la improvisación y asegurar que cada acción que se lleve a cabo esté en sintonía con un esquema global más amplio. No es simplemente una lista de obras pasajeras, sino un marco destinado a orientar el crecimiento de la capital con principios claros y sostenibles.
La transformación del malecón en su fase inicial es un claro reflejo de esto. Durante demasiado tiempo, el litoral de Santo Domingo ha sido subutilizado, con espacios públicos en mal estado y una desconexión con la vida urbana. Ahora, con la creación del Paseo 30 de Mayo y el Malecón Deportivo, la idea de revitalizar estos espacios y hacerlos accesibles a la población se está convirtiendo en una realidad.
Esto no se trata únicamente de embellecer la ciudad; es mejorar la funcionalidad, incrementar la calidad de vida y ofrecer a familias, deportistas y a todos los ciudadanos un entorno seguro y agradable para disfrutar de su ciudad.
La movilidad también es una de mis preocupaciones principales. He observado cómo el tráfico en Santo Domingo ha ido deteriorándose año tras año, sin que haya una solución efectiva que facilite la circulación en la ciudad. Aunque esta primera etapa del plan se centra en el litoral, es evidente que hay una intención de mejorar la conectividad y la forma en que nos desplazamos por la capital.
Sin una visión de movilidad integrada, cualquier mejora en la infraestructura será insuficiente. Sin embargo, al menos ahora percibo indicios de que se está abordando la necesidad de un sistema de transporte más eficiente y bien diseñado.
Otro aspecto que me brinda esperanzas sobre este plan es la coordinación entre las distintas instituciones. Durante mucho tiempo, cada entidad del gobierno parecía actuar de manera independiente, sin una estructura que asegurara que los esfuerzos estuvieran alineados.
Por un lado están las Obras Públicas, por otro el ayuntamiento, y Medio Ambiente con sus propias prioridades; esto ha llevado a una planificación urbana fragmentada. Sin embargo, ahora percibo un esfuerzo por colaborar, por crear un plan maestro que sirva de guía para todos y que además incluya la inversión privada como un socio en este proceso de cambio.
Soy consciente de que los cambios requieren tiempo. También sé que en este país a menudo se han promovido grandes proyectos que, al final, no se concretan como se esperaba. No obstante, en esta ocasión, tengo la impresión de que hay algo distinto.
No afirmo que todo será perfecto ni que no enfrenteremos obstáculos, pero por primera vez en mucho tiempo, vislumbro un plan. Y cuando existe un plan, hay dirección, un rumbo, y posibilidades reales de que las cosas avancen hacia el camino correcto.
Desde mi pasión por las ciudades y por el anhelo de un Santo Domingo mejor, deseo creer que estamos dando un paso sólido hacia un desarrollo urbano más ordenado y sostenible. Tal vez no veamos resultados inmediatos, pero si hay continuidad y compromiso, estamos ante el comienzo de una nueva etapa para la capital. Tras tantos años de escepticismo, finalmente veo una luz.
