Unos que prometen, otros que callan y otros, que dan vergüenza

Unos que prometen, otros que callan y otros, que dan vergüenza

Porque: Dicen que dijo: “Maldito
sea el hombre que cree en el hombre”

Verdaderamente el hombre es el
Rey de los animales, pues su
brutalidad supera la de estos.
Leonardo Da Vinci.-

Algunos conformistas dirán que el problema no es solo nuestro, y por eso se adaptan, calladitos y sumisos. Lo cierto es que esta situación no solo nos atañe a nosotros, pero preferimos -como siempre ha sido- coger el camino más fácil, tratando inútilmente de llegar al lugar deseado, haciendo las mismas cosas todo el tiempo para no enfrentarnos al problema, tal y como lo han hecho otros muchos países gananciosos y que por eso están en la cima con el bienestar de sus ciudadanos, en tanto nosotros, continuamos conformándonos con pensar que hay otros en peor situación que la nuestra.

En todas las circunstancias siempre existe la esencia de las cosas, que hacen de la cosa, lo que la cosa es, y, en este caso, sin importar la profundidad del análisis que se haga, llegamos a la conclusión que el mal mayor -y más en las últimas décadas- ha estado constituido por los auto declarados, señores “honorables”. Que, salvo las ligeras excepciones de toda regla, han formado un grupo de aprovechados vividores, intocables, blindados e impunes ante las leyes, que oficiosamente han mandado a elaborar ellos mismos, para por igual, ser aprobados sin tomar en consideración ningún otro interés que no sea el de ellos mismos.

Por eso pensé, que lo “ma’mejol”, es bendecirlos cien mil veces, por “cojonuces” e indolentes. De igual manera, pero con menos efusividad, a los funcionarios que por demás son políticos, que de tanto y tanto prometer y dar lo que no es de ellos, no se sonrojan ante ningún hecho que conlleve vergüenza, y lo repiten una y otra vez.

Este pueblo tiene cerca de dos décadas en busca de tener un Código de Justicia que permita domar a los indomables, iniciando claro está, por los mismos “honorables” pero, como dice un viejo refrán; “entre bomberos no se pisan la manguera”. Han puesto una vez mas de mojiganga a los hombres y mujeres que se han empoderado a ver si logran obtener esa presea para el pueblo, pero nada. Hacen sus negociaciones de desvergüenzas sin que les importe un bledo el pueblo. Quizás, solo quizás, harían caso si nos encontráramos cerca de las elecciones, pero, eso sí, solo de boca, en tanto logran subir de nuevo a la cúspide de la “honorabilidad”. Malaya sea nuestra suerte, permisividad y miedo ante esta casta corrupta y pervertida, tal y como lo demuestran los juicios y denuncias que copan los medios decentes de información.

Porque no hay de otra, se tiene que ser sinvergüenza, ser sordo, mudo, ciego y por demás, tarado -aunque de esto último no tienen ni la t-, y ni siquiera haber estado viviendo fuera del país, porque la mala fama de un grupo de verdugos sobrepasó nuestros límites, pero, lo que sí sé, es que hay que estar en los extremos para que un miembro del desacreditado y corrupto Comité, tenga el tupe de expresar; “Es una gestión de caos; desorden e improvisación, la que representa las fuerzas sociales que hoy dirigen la nación”. ¿Pero dónde diablos será que estuvo viviendo?

Otro que va por el mismo camino, aunque me extrañó sobremanera, -hasta que me acordé de que también era político-, fue el hombre de la formula, que no ha tenido la delicadeza o coraje, para exponer por qué no pudo poner en ejecución la famosa formula o, será acaso, -todo es posible-, ¿que la mafia sea tan fuerte, que si lo intenta pierde rápidamente el puesto que está cuidando? Otra vez, malaya sea, estamos entrampados. ¡Sí señor!

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